El Salvador se ha convertido en un ejemplo para todo el planeta. El presidente Nayib Bukele demostró que, al tener voluntad política, valentía y compromiso pleno con la ley, era posible transformar al país más violento del mundo en la nación más segura del hemisferio occidental.
Gracias a la exitosa política de seguridad a través del Plan Control Territorial y el régimen de excepción, El Salvador generó las condiciones para atraer no solo a más turistas, sino también a más inversionistas, que han comenzado a dinamizar la economía.
Las acertadas medidas económicas y fiscales también han recibido una poderosa calificación de parte de los organismos internacionales, lo que queda patente tras el anuncio del Fondo Monetario Internacional (FMI) de financiar con $1,400 millones el programa de transformaciones del Gobierno del presidente Bukele. Además, este acercamiento permitirá que bancos internacionales, como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAF) puedan unir sus esfuerzos y dar, junto con el FMI, un paquete de $3,500 millones.
Todo esto significa que para el mundo El Salvador es un socio confiable, es decir, tiene la fortaleza suficiente para cumplir con sus compromisos económicos internacionales.
Además, esta alianza puede contribuir, en el corto y mediano plazo, a lograr la reducción de las tasas de interés en futuros préstamos y a mejorar la percepción de riesgo país.
El anuncio del FMI también valida el enfoque y las políticas económicas del Gobierno, lo que fortalece la legitimidad y el respaldo del presidente Bukele tanto nacional como internacionalmente, pues refleja el esfuerzo coordinado y el compromiso para implementar políticas fiscalmente responsables y orientadas al desarrollo económico a largo plazo.
Es más, el mero hecho de lograr el acuerdo con el FMI crea el clima perfecto para mejorar el rendimiento de los bonos, respaldados ahora —además del Gobierno— por el FMI y otros bancos multilaterales.
El Gobierno ha mostrado seguir un camino de responsabilidad fiscal y de eficiencia en la administración pública, dos aspectos muy importantes para garantizar los fondos para implementar las transformaciones que el Estado salvadoreño necesita.







