Hace varios meses escribí el artículo de los «Caballos de Troya», en alusión de aquellos malos funcionarios de todos los niveles que se enquistaron en diferentes instancias del Ejecutivo tras el gane electoral del presidente Nayib Bukele en su primera gestión; es decir, como plantas epífitas aprovecharon el momento «por un huesito», como coloquialmente se conoce. Pero el ADN político de muchas de estas personas delata su accionar, aunque manifiesten que no tienen compromisos políticos. Desde el momento en que son designados por una decisión política ya ejercen la política, y me refiero en específico a la política partidista, aunque lo nieguen, lo cual no es malo ni se critica, en todo caso todos tenemos el derecho a asociarnos libremente, basado en un principio constitucional, es decir, organizarnos en colectivos donde nos sintamos representados, para el caso en sindicatos o partidos políticos. Esto es un derecho constitucional siempre y cuando se respete el marco jurídico establecido, lo que implica regirse a las normas y no cometer actos que contravengan lo estipulado en nuestro marco jurídico; y me refiero en particular al cometimiento de actos de corrupción.
La excelente gestión del presidente Bukele, para todos los que amamos a nuestro país, debemos como salvadoreños defenderla desde la trinchera que nos toque; y es que debe llegar a convertirse en un programa político y, por ende, en el promotor y ejecutor de políticas de Estado de corto, mediano y largo plazo; pero para lograr ese cometido desde la presidencia de la república se deben hacer los ajustes necesarios para que sea sostenible en el tiempo.
Para el caso, hay que analizar por qué algunos alcaldes de Nuevas Ideas no fueron reelectos. El mismo presidente de la república por medio de la red social X dejó claro que es el electorado el que toma la decisión de votar o no por quien no ha hecho bien su trabajo. Ahora se debe pasar a un proceso de reflexión y de análisis interno muy objetivo, a efecto de preservar un proyecto político liderado por el presidente Bukele.
Cada acción buena o mala en el ámbito político partidista tiene implicaciones en uno u otro sentido, por tanto, conocedor del ámbito educativo salvadoreño me permito exponer algunas de las cosas que pueden no estarse haciendo de mejor forma, y es que a algunos funcionarios no les cae el veinte de que los actos de corrupción por negligencia, por desconocimiento o por intencionalidad expresa serán castigados por nuestro sistema judicial. De esos casos ya se tienen judicializados algunos, como el de exdiputados que llegaron con el afán de realizar actos de corrupción que fueron detectados y, por ende, procesados judicialmente. Misma suerte corrió la exalcaldesa de Soyapango y el exdiputado Érick Rivera, dejando clara la intencionalidad del presidente sobre su intolerancia a actos de corrupción, lo cual es aplaudido por la población que cayó en un hartazgo hacia este tipo de conductas ligadas a las prácticas del pasado reciente, refiriéndome a los gobiernos de ARENA y del FMLN, como los grandes maestros de la corrupción en nuestro país.
En el ramo educativo hay mucha tela que cortar, pues se conoce de abusos de autoridad de parte de algunos directores departamentales, ignorando la visión del presidente Bukele y los procesos legales establecidos en la Ley de la Carrera Docente y documentos anexos que rigen el funcionamiento de estos colectivos encargados de administrar los recursos humanos, técnicos y financieros de los centros educativos. Se sabe de directores de centros escolares que actúan de manera impune manifestando ser protegidos por directores departamentales, actos de corrupción que pasan de ser faltas administrativas hasta convertirse en delitos que pudiesen ser sancionados de acuerdo con nuestro marco jurídico en materia penal. Se conoce también de abusos de autoridad de carácter represivo contra estudiantes al imponer castigos degradantes que violentan el espíritu de la ley Crecer Juntos, aunado al acoso laboral, o directores que hacen colectas para fines determinados y al final no se tiene ni el dinero ni el fin para el cual realizaron la actividad.
La verdad es solo una, y saneando tendremos un proyecto político de largo plazo en beneficio de nuestra gente, en beneficio de nuestro país.







