A diferencia de su primera presentación en El Salvador, esta vez Christian Nodal inició a tiempo, a las 9:30 de la noche, a pesar de la lluvia, con un estadio Cuscatlán, en San Salvador, repleto de admiradores de su música y, en general, del regional mexicano. La organización y la producción de la promotora Two Shows permitió un ingreso ordenado y que los asistentes disfrutaran del espectáculo de una manera cómoda y segura.

Eso explicaba la venta masiva, afuera del recinto deportivo, de sombreros con el apellido Nodal. Sin importar la clase social de sus fans, todos llegaron para escuchar las creaciones del originario de Heroica Caborca, Sonora. Se trató de un concierto largo, lleno de temas de todos los matices, incluidos coros de la famosa cantante fallecida Selena, la reina del tex-mex, y hasta algunas creaciones de Marco Antonio Solís. Tampoco faltaron las de la leyenda del género ranchero, Vicente Fernández, como: «Acá entre nos».
En la apertura del espectáculo, el público reunido en el «coloso de Monserrat» pudo apreciar también el talento de Alejandro Bernal, intérprete ranchero nacional con una larga trayectoria artística, y unos de los mejores exponentes locales del género.
Pero el público llegó a disfrutar de un concierto extenso de canciones que superaron el número 40 en el repertorio de Nodal, ese mismo artista que pasó una buena temporada como víctima del las cámaras por su pasado romance con la cantante mexicana-española Belinda, con quien mantuvo una conflictiva relación que fue la comidilla de los medios.

Pero sobre sus éxitos, el concierto parecía un recital para conocedores del repertorio, sonaron: «Se me olvidó», «La mitad», «Por el resto de tu vida» y «No te contaron mal», esta última fue el primer gran coro del público que no dejaba de mostrar su emoción ante las composiciones del azteca.
Un dato interesante es que Nodal divide su agrupación entre el mariachi y un banda que incluye la potencia de la batería, percusiones y el clásico sonido de acordeón, de esa manera fue capaz de llevar al público por el ranchero, grupero, flamenco y hasta urbano, con piezas como «Botella tras botella», uno de los rap de su setlist.
El sello de despedida de esa noche en el Cuscatlán llegó con melodías como: «Probablemente», y «Adiós amor», durante un concierto en el que no hubo polémicas, solo música y un público que cantó de principio a fin.







