Si la ruta migratoria de forma irregular expone a diversos peligros a los adultos que emprenden su viaje hacia Estados Unidos, los niños y adolescentes sufren un doble impacto en la riesgosa travesía, que afecta su desarrollo físico, psicológico y social, de acuerdo con Roberto Rodríguez, especialista de protección del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En las caravanas de migrantes, los menores de edad, aunque vayan acompañados de sus padres, se enfrentan a organizaciones criminales, discriminación y actos violentos; además, existe un desgaste físico por la migración y se exponen a lugares insalubres que repercuten en su crecimiento, reiteró el especialista.
«Unicef considera que la población tiene derecho a migrar, pero es importante conocer los riesgos si se hace de forma irregular. Los padres deben considerar que sus hijos están más expuestos que ellos, son más vulnerables», dijo Rodríguez.
La Dirección General de Migración y Extranjería reporta en sus estadísticas que de enero a diciembre de 2020 hubo 10,840 salvadoreños retornados de Estados Unidos y México, de los que 1,139 eran menores de edad. En el mismo período en 2019 se registraron 37,316 personas retornadas. En el caso de los menores, de enero a noviembre de ese año se reportaron más de 6,600.
Rodríguez señaló que la cifra de menores en migración se suele mantener en los reportes de retornados en cada año. Sin embargo, debido a las repercusiones de los diferentes escenarios a los que se exponen, los niños siempre requieren atención psicosocial para retomar sus vidas.
Decepción, frustración y sentimientos de culpabilidad son lo que Unicef ha identificado en muchos niños y adolescentes retornados, ya que no «pudieron cumplir su meta de desarrollarse en otro país en el que seguramente tenían familiares que los estaban esperando. Ese sentimiento de frustración en muchas ocasiones les imposibilita reinsertarse en la escuela y tratar de definir un plan de vida en el país», señaló Rodríguez.
Otros niños se vuelven agresivos, desarrollan una sensación de abandono, miedo o rechazo luego de exponerse a algún tipo de abuso en el trayecto.
«Cuando salen legalmente a otros países sus derechos están garantizados, pero en la migración irregular los riesgos a los que se exponen son amplios», manifestó.
En el caso de desintegración familiar, cuando los padres deciden emigrar por su cuenta y dejar a sus hijos con otros parientes, el apego paterno es insustituido, dijo. Aunque los padres lleguen a su destino y luego envíen las remesas, siempre hay efectos negativos, como bajo rendimiento escolar, depresión y ansiedad, comentó Rodríguez.
Durante la política ejecutiva de Cero Tolerancia en la administración de Donald Trump, miles de niños fueron separados de sus padres en la frontera sur de Estados Unidos; esta situación generó muchos traumas y miedos en los infantes que ven en sus padres un escudo de protección, opinó Rodríguez.
Cuando las separaciones son muy prolongadas, el experto reiteró que los menores son excluidos de los procesos regulares, es decir, que no logran continuar con sus estudios y se vulnera su derecho a la educación; no mantienen un trato directo con sus familiares, lo que viola su derecho de estar con sus parientes; también se afecta el derecho a la salud, más ahora con el surgimiento de la pandemia por la COVID-19, como se contempla en la Convención sobre los Derechos del Niño de Unicef, que establece la legitimidad precisa para que los niños puedan desarrollar todo su potencial.







