Nely Calderón de Ramírez, de 71 años, es licenciada en fisioterapia. Este año fue diagnosticada con cáncer de mama y se sometió a una cirugía en agosto que dio continuidad a su tratamiento.
En octubre de cada año, Nely se hacía los estudios correspondientes, pero este año sintió el impulso de hacérselos antes de la fecha acostumbrada.
«Como siempre me salía bien, ese día entré a la casa con los resultados y no les di importancia, pero mi esposo los revisó y me dijo que ahí decía que tenía un tumor y que tenía que realizarme una ultra. Luego la doctora me dejó una biopsia», recuerda.
Agrega que cuando recibió el diagnóstico de cáncer de mama, tomó la noticia con aceptación.
«Yo no le he dado tanta importancia a esto, decir que me puse a llorar no. Solo me hicieron eco las palabras de mi hijo cuando me dijo: mami, si un familiar tiene cáncer, tiene cáncer toda la familia. Entonces yo me dije: ¿por qué yo voy a hacer que otros sufran? y lo he sabido llevar», agregó.
Esta profesional de la salud asegura que en el único momento que se ha sentido triste fue cuando recibió un trato deshumanizado o indiferente por parte de otro profesional de la salud al momento que le hicieron exámenes de sangre.
«Cuando me hacen estos exámenes me dejan toda morada. Entonces eso me pone impotente, porque no tienen paciencia para encontrar la vena», confesó. Nely comparte sus ganas de vivir con otras personas y asegura que una buena actitud ayuda a sobrellevar las pruebas.
«Las personas que reciben un diagnóstico no se deben afligir, ya que el Señor hace las cosas. Esas células nosotros las tenemos buenas y malas y si se nos activaron qué vamos a hacer», aseguró sonriendo Nely.







