Con tranquilidad, paz y la puesta en marcha de sueños que parecían perdidos, así dicen sentirse los viroleños con las medidas de seguridad que ha impulsado el Gobierno del presidente Nayib Bukele. Estas, aseguran, han propiciado una nueva realidad, un resurgir de entre el miedo y el estancamiento generalizado por el asedio que hace varios años causaron las pandillas en Zacatecoluca, La Paz Este.
Clemente Ayala recordó con indignación cuando fue víctima de los delincuentes, obligándolo a entregar el dinero que tenía para el desayuno. «Siempre es doloroso dar una mirada atrás y saber lo que sufrimos», añade luego de hacer sus compras en las cercanías de catedral Nuestra Señora de los Pobres.
Dice que la noticia era cuando no habían hechos de criminalidad, pues en la ciudad o en los cantones de Zacatecoluca eran algo común las muertes o víctimas de otros delitos, producto de las rencillas entre estructuras delincuenciales, aunque a veces también era cuando se enfrentaban a elementos de la Policía Nacional Civil (PNC).

«Le digo, ya no tenía fe de que este mal [las pandillas] se acabara, todo parecía perdido, pero llegó al Gobierno el presidente Bukele y él ha podido contra ellos. Todavía falta, porque anda uno que otro por ahí, pero lo que ha logrado nos ha traído lo que hoy vivimos, una gran tranquilidad», expresó Clemente.
Los residentes de las colonias o cantones de distritos vecinos o de otros departamentos ya no andan con temor de que aparezcan pidiendo información de dónde vienen, porque ni eso se podía hacer antes. Ahora la gente puede desplazarse donde quiera en la ciudad viroleña. Los parques son visitados a todas horas sin ningún problema.
«Se percibe lo que está pasando, vemos más gente hasta bien tarde, en la noche, caminando solos o en familia en las calles, eso es por la seguridad. Nadie quería arriesgarse porque sabíamos las consecuencias. Nosotros venimos con los niños aquí [plaza José Simeón Cañas, frente a catedral], todos nos sentimos bien con la seguridad que tenemos», comentó María Matilde Pérez.

Los mercados municipales eran ocupados en algunos casos por delincuentes que también controlaban la adjudicación de puestos, que tras las numerosas capturas con el Plan Control Territorial y el régimen de excepción han sido recuperados y entregados a nuevos arrendatarios, según informó la alcaldesa de La Paz Este, Marcela Pineda.
«Yo hace un año he puesto una venta en el mercado [Roldán] de artículos de primera necesidad, se vende y vamos comprando más», narró Jorge Efigenio, mientras esperaba con entusiasmo a sus clientes.
Y es que el sector comercio sufrió la embestida de la criminalidad. La extorsión estaba a la vuelta de la esquina y eran obligados bajo amenazas de muerte contra ellos y sus familias sino accedían a sus exigencias.
«No tener que estar pensando que de repente van a aparecer a “pedir lo del día”, o a decir que también le dieras mercadería porque sí, porque ellos lo decían, nos hace sentirnos contentos, ya que tenemos libertad para trabajar e invertir, y antes no podíamos por las mentadas “rentas”; entonces, como comerciantes nos sentimos muy seguros ahora», expresó William Guidos, del sector viroleño de joyeros.

EDUCACIÓN
La comunidad educativa ahora tiene la garantía de movilizarse tranquilamente en el transporte público o a pie.
Sara Esther Cárcamo dice que la delincuencia marcó de gran manera a muchos jóvenes que fueron víctimas; otros que tuvieron que unirse porque si no los mataban o simplemente superar cada día la incertidumbre afuera de las aulas o adentro. «Fue terrible lo que pasó, todo lo que los estudiantes, maestros y población en general sufrimos. Yo estaba en secundaria y recuerdo que era como una pesadilla, pero gracias a nuestro presidente [Bukele] hoy si alguien no estudia es porque no quiere, ahora podemos andar libremente, prepararnos para la vida», expresó la joven de bachillerato.
Las pandillas también afectaban a la iglesia y su trabajo pastoral en las comunidades. En muchas ocasiones se decidía no hacer actividades de noche para prevenir, a veces no se podía ir de una comunidad a otra por las rivalidades que había y los sacerdotes, más de alguna vez, tampoco acudían a zonas complejas, limitando a las personas a vivir plenamente su fe y costumbres.
«[La seguridad] sí ha beneficiado el trabajo pastoral porque la gente tiene más libertad de reunirse sin miedo a las pandillas. Ya hay oportunidad de hacer vigilias, encuentros de la iglesia más tarde, asistir a los enfermos en horarios nocturnos; antes, después de las cinco de la tarde, nadie quería andar en la calle», manifestó el presbítero Kedvin Roque, párroco de la iglesia El Calvario, de esta ciudad.
«Gracias a Dios incluso la gente está emprendiendo en sus casas […] Les permite mejorar las estructuras, pues ahora la gente no tiene tanto miedo de que si arregla un techo le van a llegar a “cobrar” y antes sí; con una media cosita que mejoraba ya venían las pandillas a molestar según me han comentado. Estaban sometidas y mejor no hacían nada», comentó el sacerdote.







