Dos de los últimos ocho presidentes salvadoreños han llegado a su trimestre 14 con los peores niveles de aprobación en sus mandatos, a raíz del descontento que la población manifestaba.
En enero de 1988, José Napoleón Duarte, electo en 1984 bajo la bandera del Partido Demócrata Cristiano, solo obtuvo 24 puntos de aprobación de una población que estaba convulsionada por el conflicto armado. Incluso las opiniones negativas superaron a las positivas, ya que en ese apartado tuvo 25 puntos en contra.
Tres décadas después, el escenario de aprobación se repitió para el Gobierno de Salvador Sánchez Cerén, segundo presidente del FMLN. En la encuesta de CID Gallup correspondiente a enero de 2018, Sánchez Cerén consiguió los mismos 24 puntos de aprobación que Duarte, pero la diferencia con las valoraciones negativas fue superior.
El efemelenista tuvo 55 puntos de opiniones negativas por parte de la población salvadoreña, que en esa época sufría la violencia que las pandillas generaban.
Para ambos gobernantes, la tendencia no fue favorable al culmen de sus períodos presidenciales, y terminaron sus mandatos con el rechazo evidente de la población y con los más bajos niveles de aprobación que se tienen registrados. Sánchez Cerén es prófugo de la justicia.







