Un grupo de 10 viajeros, formado en su mayoría por personas con discapacidad visual, visitó una exposición de crisantemos en una montaña en la municipalidad de Chongqing, al suroeste de China, usando la nariz y las manos para apreciar la vitalidad floreciente.
La excursión fue organizada por Cai Meiqi, una «guía turística» de 71 años, quien desde 2007 ha ayudado a más de 1.000 invidentes a viajar desde las altas montañas de Chongqing o la Gran Muralla en Beijing hasta las playas junto al mar en Tailandia.
«Sin Cai, nada de esto sucedería», afirma Li Daosheng, un masajista de 65 años que hizo su primer viaje en 2008.
La propia Cai es discapacitada visual, pues nació con un solo ojo. Gracias a sus esfuerzos continuos, se convirtió en una doctora de medicina tradicional china. Tras jubilarse, empezó a trabajar como voluntaria para ayudar a los ciegos y además de aprender habilidades para ganar dinero, descubrió que muchas de estas personas expresaban un fuerte deseo de «ver» el mundo.
«Todavía recuerdo una escena en la que varios ciegos me rodearon y me pidieron ayuda para llevarlos a viajar. Me conmoví mucho y decidí ayudarlos», recuerda Cai, quien ha organizado tours durante más de una década.
Su compromiso es encomiable. Una vez fue al aeropuerto siete veces para negociar asientos suficientes y precios más bajos.
«Estaban tan asombrados. En el avión, probaron comida nueva y tocaron tazas y cuencos que no habían tocado antes. También saludaron el mar por primera vez», relata Cai al rememorar un viaje a Xiamen, una ciudad turística en la provincia oriental china de Fujian, en 2015.
Asimismo, destaca que para quienes carecen de la visión, esos recorridos son más que simples salidas. Para muchos, es el sueño de toda la vida hecho realidad.
Con la intención de asistir a una excursión, Li, un fumador empedernido por 38 años, renunció a este hábito. «Antes, la vida era aburrida para mí, así que fumar se convirtió en mi diversión. Sabiendo que había posibilidades de salir a viajar, inmediatamente dejé de fumar y ahorré dinero para el viaje», comenta.
Li agrega que, aunque ellos no tienen la posibilidad de ver los paisajes, pueden sentir los diferentes caminos bajo sus pies, oler el aire de distintos lugares y escuchar el sonido de nuevos entornos.
Durante un recorrido por Shenyang, capital de la provincia nororiental china de Liaoning, Li se movilizó en un autobús de enlace desde un parque zoológico y aún tiene presente cómo lo golpearon las ráfagas de viento. «El viento era tan fuerte que incluso grabé ese momento y después de regresar, a menudo volvía a escuchar la grabación», destaca Li.
Además de las gratas experiencias, Ren Jie, quien se unió al grupo en 2012, se siente igualmente agradecido por el voluntariado que en este se practica. Cuando viajan, Cai a menudo invita a algunos miembros para que ofrezcan masajes gratuitos o actuaciones artísticas.
«A lo largo del camino, mucha gente de buen corazón nos ayuda, por lo que también queremos mostrar nuestra generosidad», resalta la guía. Y cuando los paseos terminan, el buen espíritu de todos continúa. Desde que en 2015 se estableció un equipo oficial de voluntarios, este ha visitado periódicamente residencias de ancianos, escuelas y obras en construcción.
«Podría viajar a muchos lugares sin Cai, pero el grupo de ella es diferente. Podemos demostrar que nosotros, los ciegos, tenemos cómo contribuir a la sociedad y ser cordiales con los demás a nuestra manera», manifiesta Ren.
Él trae a la memoria la ocasión en que, después de una visita a un hogar de ancianos, estos abrazaron con firmeza a los integrantes del equipo. «Son momentos que dejan recuerdos muy dulces para mí», enfatiza.
Todos los miembros están plenamente conscientes de que Cai no se está volviendo más joven. «No podemos perderla», recalcan. Por su parte, ella no parece dispuesta a bajar el ritmo a corto plazo.
«Espero poder llevarlos a tocar el mundo tanto como sea posible. Deseo que puedan ser vistos y reconocidos por más personas a través del viaje de la vida», concluye.







