La investidura presidencial de Nayib Bukele, mañana, será noticia importante en muchas partes del mundo. Jefes de Estado han confirmado su asistencia, como el rey de España, Felipe VI, y los presidentes del Paraguay, Honduras y Costa Rica, y otras grandes naciones han confirmado delegaciones de alto nivel, como la de Estados Unidos, con varios funcionarios, o la de la República Popular China.
También hay organismos internacionales que participarán en la ceremonia y diplomáticos que representarán a sus países. A escala nacional, los ciudadanos tienen una gran expectativa sobre el segundo mandato del presidente Bukele.
Gracias a una votación popular, democrática, libre y directa, el presidente Bukele logró ser electo entre siete aspirantes a dirigir el Ejecutivo. Con una votación de casi el 85 %, inédito en la historia nacional, el presidente Bukele llega ungido por un respaldo popular mucho mayor que cuando inició su primer mandato, que lo ganó con el 53 % de los votos.
En esa oportunidad derrotó el bipartidismo de ARENA-FMLN, partidos que aparentaban ser adversarios pero que, en realidad, eran socios en el saqueo del Estado y se garantizaron impunidad mutua. Cinco años después, esos dos partidos, relegados a la irrelevancia legislativa en 2021, sufrieron una derrota histórica. El FMLN quedó borrado de la Asamblea Legislativa y de los gobiernos municipales, en tanto que ARENA solo ganó dos diputados y una alcaldía, más por mérito de la candidata que por el partido.
Los dos legisladores de ARENA y la representante de VAMOS han anunciado que no cumplirán con sus obligaciones parlamentarias y anunciaron que no participarán en la sesión plenaria en la que el presidente Bukele recibirá la nueva investidura.
Esto no es más que una nueva afrenta al pueblo salvadoreño por no reconocer su valiosa decisión al elegir, libremente, al presidente Bukele para un nuevo mandato. Significa, además, que no valoran a los ciudadanos, al considerar que no tenían el derecho de votar por el mejor candidato que había en contienda.
Ante todo, es un insulto a los ilustres invitados que el país recibe, así como a sus gobiernos, que participan de la investidura porque ellos respetan los procesos democráticos del pueblo salvadoreño y comprenden que han sido los ciudadanos los que tomaron la decisión de mantener, por un segundo mandato, al presidente Bukele.
Lo que es importante, entonces, es no solo que la comunidad internacional respeta y valora la democracia salvadoreña, sino también que los ciudadanos estarán festejando con su presidente un nuevo mandato.






