Nayib Armando Bukele Ortez ganó las elecciones presidenciales del 3 de febrero de 2019 y recibió el mandado constitucional el 1.º de junio de ese mismo año; su antecesor, Salvador Sánchez Cerén, dejó la presidencia marcado como el quinquenio más violento y sangriento de la historia de nuestra república, y ubicando al país como «campeones mundiales de homicidios» en 2015 debido a la tasa de asesinatos intencionales por cada 100,000 habitantes, pero, además, como el país con el mayor número de asesinatos de mujeres, niños y adolescentes, desaparición de personas y desplazamientos forzados internos. Le entregaron al presidente Bukele un país en caos en materia de seguridad pública.
En junio de 2019, el presidente Bukele anunció su estrategia de seguridad, denominada Plan Control Territorial, y en sus primeros siete meses ya presentaba resultados y evidencia sobre la disminución de homicidios y delitos de alto impacto. Cuando finalizó el primer trimestre del desarrollo de su estrategia, mis primeras conclusiones se resumían —en octubre de 2019— como una estrategia con tres características, cuyos resultados eran innegables, irrefutables y con una clara tendencia a la baja, cuando nadie fuera del Gabinete de Seguridad creía en la misma, cuando nadie defendía el trabajo de las instituciones, y cuando el presidente Bukele y su Gabinete de Seguridad no disponían de financiamiento para dicha estrategia por parte de la Asamblea Legislativa 2018-2021 y un Órgano Judicial indiferente. Dos órganos del Estado ausentes y faltos de cooperación.
El primer día con cero homicidios intencionales en la administración del presidente Bukele fue el miércoles 31 de julio de 2019, cerrando el segundo mes. Recuerdo muy bien que había alegría para pocos, dudas para la mayoría e incredulidad. Pasaría todo agosto de 2019, para llegar al 22 y 24 de septiembre de 2024, para los días dos y tres, con estos tres registros se superaba a las dos administraciones del FMLN y la última de ARENA, que en 15 años reportaron únicamente dos días con cero homicidios intencionales. Y el conteo en los siete meses finales de 2019 finalizaría en seis días con cero homicidios intencionales. Toda una primicia de lo que nos esperaba como país.
Luego vendrían 2020, 2021, 2022, 2023 y los primeros siete meses de 2024 para continuar registrando nuevas marcas, y llegamos al pasado 18 de octubre, cuando se cumplieron 730 días sin homicidios intencionales acumulados, que son equivalentes a dos años calendario o 24 meses. El presidente Bukele se encuentra en el mes 65 de su gestión (18 días del mes 65) e impone un nuevo registro que parecía un sueño que nadie podía imaginar en el mejor de los escenarios, la mente más optimista o el mejor experto en seguridad.
El Salvador está transformado en materia de seguridad, es otro país, gracias al trabajo articulado de las instituciones del Gabinete de Seguridad, con el apoyo y coordinación de la Fiscalía General de la República y la colaboración como cooperación fundamental de la Asamblea Legislativa y del Órgano Judicial.
Los 730 días sin homicidios intencionales representan vidas que se han salvado, familias que no están de luto, con dolor, que ahora disfrutan de un nuevo país que está en la ruta del desarrollo turístico, económico, social, deportivo, de grandes eventos y, sobre todo, donde se respeta el derecho y el principio al don de Dios, que es la vida.





