Las elecciones presidenciales y legislativas del pasado 5 de noviembre en Estados Unidos siguen generando titulares que van desde las personas que el presidente electo Donald Trump está anunciando para su gabinete, lo que hará el primer día en su vuelta a la Casa Blanca, hasta las causas y consecuencias de la dura derrota para el Partido Demócrata.
Luego de la resaca electoral, el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos volvieron a sus labores el martes 12 de noviembre para finalizar el actual período legislativo e iniciar en enero un nuevo mandato, en el cual los republicanos retomarán el control de ambas cámaras del Congreso.
A ese período poselectoral se le conoce en inglés como la «sesión del pato cojo» (lame duck session). El término —que tiene sus orígenes en el Reino Unido y se comenzó a usar en la política estadounidense en 1926— también se aplica a presidentes, congresistas, senadores, gobernadores y cualquier oficial electo que no continuará en su cargo porque perdió las elecciones, decidió no postularse, tiene límite de postulaciones o buscó otros cargos.
A lo largo de la historia, las sesiones del «pato cojo» en el Congreso estadounidense han ido desde simplemente pasar el tiempo hasta resolver asuntos de gran relevancia nacional e internacional como en 1974, cuando se aprobaron 138 leyes, entre ellas la nominación de Nelson Rockefeller como vicepresidente para sustituir a Gerald Ford, quien a su vez debió reemplazar a Richard Nixon, luego del célebre escándalo conocido como «Watergate» que lo obligó a dimitir.
Al reanudar labores después del huracán electoral a favor de Trump, el Senado debe lidiar con las presiones del presidente electo para que se olvide de su papel de fiscalizar y ejercer contrapeso en sus nombramientos en el gabinete y simplemente aprobarlos, o por medio de una medida conocida como nombramientos en receso del Congreso.
Esa enmienda constitucional le ha permitido en el pasado a los presidentes estadounidenses hacer nombramientos cuando el Congreso no está sesionando, pero fue frenada por la Corte Suprema durante el mandato de Barack Obama. El 19 de agosto de 2010, Obama hizo cuatro nombramientos en receso, entre ellos el de la abogada Mari Carmen Aponte como embajadora de Estados Unidos en El Salvador, cuya nominación, hecha originalmente en 2009, enfrentó una férrea oposición en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado por vinculaciones con un agente de la inteligencia cubana.
Por la interpretación de la Corte Suprema de que Obama abusó de su poder constitucional, ni Trump en su primer período ni Biden han hecho uso de los nombramientos en receso. Pero el magnate, que gobernará a partir del 20 de enero de 2025, está presionando para que sus secretarios (ministros), embajadores y directores que necesitan aprobación del Senado se vayan por la vía rápida.
«Cualquier senador que busque el ansiado liderazgo debe estar de acuerdo con los nombramientos en receso (en el Senado), sin los cuales no podremos tener nombramientos confirmados a tiempo», escribió Trump el domingo 10 de noviembre en su cuenta de la red social X.
El mensaje es claro para el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, que no es del agrado de Trump y cuyo puesto para la siguiente sesión estuvo en disputa por los senadores Rick Scott (Florida), John Thune (Dakota del Sur) y John Cornyn (Texas). Los senadores republicanos, incluyendo los electos el 5 de noviembre, votaron el 13 de noviembre para elegir a Thune, dejando con mal sabor de boca a varios aliados del presidente electo, que preferían a Scott.
En el caso del saliente presidente demócrata, Joe Biden, también «pato cojo» porque declinó su candidatura por presiones de su partido y las encuestas, le quedan un poco más de dos meses en el cargo y ha dado pocas luces sobre cuál será su agenda, más allá de preparar la transición con el equipo de Trump.
Una de sus últimas apariciones ocurrió el mismo 13 de noviembre, cuando recibió a Trump en la Casa Blanca y en breves declaraciones públicas de ambos se notó un ambiente cordial y coincidiendo en que habrá una transición sin sobresaltos.





