El principal objetivo de la política, si se entiende como la vocación por el servicio público, es trabajar para el bienestar de las mayorías. Los políticos que no se dedican a eso muy pronto desencantan a los ciudadanos y estos buscan a personas que realmente representen y defiendan los intereses del pueblo.
En El Salvador, cuando Nayib Bukele se postuló para su primer mandato, los salvadoreños estuvieron de acuerdo en que era la persona que mejor podía enfrentar los problemas del país. El tiempo le dio la razón a la mayoría: el presidente Bukele logró desarticular a las pandillas, un problema que para los gobiernos de ARENA y del FMLN había sido insalvable o, como ellos decían, «imposible de resolver».
Ahora, El Salvador es reconocido por ser la nación más segura del hemisferio occidental, pero también porque tenemos un presidente que está pendiente de las necesidades de los ciudadanos.
En su reciente visita de Estado a Costa Rica, el presidente Bukele ofreció de manera desinteresada la participación de rescatistas salvadoreños en tareas de socorro de víctimas y entrega de ayuda humanitaria, debido a la emergencia causada por las inundaciones que azotaron a esa nación hermana.
El presidente Rodrigo Chaves estuvo de acuerdo y en pocas horas se materializó el ofrecimiento: tres aviones con 304 rescatistas y varias toneladas de alimentos llegaron a los lugares que más lo necesitaban. Sin embargo, como ha sucedido en nuestro país, los opositores políticos se negaron a recibir ayuda y empezaron a buscar argumentos para bloquear la misión humanitaria. Llegaron a decir que era una autorización por excepción al ingreso de «tropas extranjeras». Llegaron a advertir al presidente Chaves de que en el futuro debe avisar con anticipación cuando vaya a recibir a militares y «aeronaves de guerra», a pesar de que los rescatistas salvadoreños llegaron en vuelos comerciales plenamente identificados con el nombre de una aerolínea latinoamericana.
Del lado local también ha habido activistas que están reclamando el envío de ayuda como si a El Salvador le sobrasen alimentos, sin tomar en cuenta las necesidades de hermanos centroamericanos, es decir, miembros de un mismo pueblo.
En uno u otro caso, los ciudadanos toman nota de las actitudes mezquinas e interesadas de los políticos opositores. Saben que solo buscan proteger sus intereses o aumentar sus fortunas y que nunca piensan en el bienestar de aquellos que sufren. Saben que son el verdadero enemigo del pueblo.







