El punto fronterizo de El Amatillo registró un flujo sin precedentes durante la Semana Morazánica, el período festivo en Honduras. Según informes oficiales del vecino país, más de 7,000 hondureños cruzaron a diario hacia El Salvador, la semana pasada. La prensa de esa nación retrató que algunos hondureños gritaban «¡Somos Honduras!», «¡Viva El Salvador! ¡Viva Bukele!» al pasar la frontera.
Subieron videos y fotos en sus redes sociales en los que destacaban los cambios positivos que está teniendo El Salvador, el clima de seguridad, el recibimiento que les dieron, la amabilidad de la población y la eficiencia de las autoridades salvadoreñas, mientras disfrutaban de las playas de La Libertad, Sunset Park, el Centro Histórico, puntos culturales de la capital, rutas de montañas, entre otros lugares.
El boom del turismo es un ejemplo de todo lo bueno que está sucediendo en el país, de cómo nos ven a escala internacional, y que se traduce en una creciente llegada de turistas de muchas partes del mundo.
La cantidad de delegaciones que arriba todos los años a las competencias internacionales de surf también nos muestra que los ciudadanos de muchas naciones ahora saben dónde está El Salvador y que se ha convertido en epicentro de grandes eventos internacionales.
El mundo está asombrado de cómo pasamos de ser la capital de los homicidios a ser el país más seguro del hemisferio occidental. Y ahora, con la ventaja de ser un lugar seguro, de libertades, de paz y tranquilidad y con mucho que ofrecer, otros rubros están dando excelentes noticias.
Para el caso, el sector de la construcción se ha consolidado como uno de los motores de mayor dinamismo para la economía nacional, registrando un crecimiento cercano al 35 % en los últimos meses, de acuerdo con cifras del Banco Central de Reserva (BCR).
Este repunte no solo refleja la recuperación sostenida de la industria, sino que también ha tenido un impacto directo en la generación de empleo, con más de 167,000 puestos de trabajo creados en obras y actividades inmobiliarias.
Incluso, El Salvador registra el mayor crecimiento del rubro en Centroamérica y se convierte en el principal músculo de la economía, tal como lo destacó el último informe de coyuntura de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA).
Sin duda, el desempeño del sector es factor clave dentro del comportamiento macroeconómico del país, que muestra una reactivación en la inversión pública y privada.
Otra excelente noticia es que el país sigue al alza en su economía. Datos del BCR confirman que en el segundo trimestre de este año se logró el 4.1 % de crecimiento, siendo empujado por construcción, reconstrucción de centros educativos, las actividades financieras y el comercio.
En cuanto al aporte del turismo, el aumento del PIB se debe también al incremento de los visitantes locales y no residentes durante el período vacacional de Semana Santa, lo que impactó positivamente en el comercio y la demanda de servicios relacionados con transporte, restaurantes, esparcimiento, entre otros.
Seguramente, la actividad económica generada en el período de vacaciones de agosto, así como la llegada de miles de hermanos hondureños la semana pasada, tendrán impacto en las cifras para el último semestre de este año.
Y qué decir de la recaudación fiscal. Los ingresos tributarios mantuvieron un crecimiento interesante de 8.1 % entre enero y agosto, luego de alcanzar los $5,546.8 millones. Esto significa que están 3.6 % por arriba del presupuesto de 2025 designado.
Toda esta recaudación significa más obras para los salvadoreños, quienes ahora saben que sus impuestos regresan a ellos.
Otro dato sumamente importante y que revela lo que sucede en el pulgarcito de América: Más de 11,000 viviendas que fueron arrebatadas a familias honradas por maras y pandillas han sido recuperadas. A la fecha, todas han sido escrituradas por el Fondo Social para la Vivienda. Hay 11,000 familias felices.
Estas casas estaban en lugares que estuvieron bajo control de estos grupos asesinos, y que, tras operativos de seguridad, quedaron nuevamente disponibles para uso habitacional.
Lo paradójico. Bien dicen que mientras unos van, siguiendo guiones extranjeros de «exilio», otros llegan con alegría a disfrutar de la verdadera seguridad y libertad que ofrece nuestra nación.
Obviamente, todas estas son buenas noticias para los salvadoreños honrados, pero no para aquellos que sueñan y luchan con uñas y dientes por volver al pasado, por regresar al sistema corrupto en el que el dinero fue robado descaradamente por los gobiernos areneros y efemelenistas, en un esquema en el que también entregaron miles de dólares a oenegés, seudoperiodistas, religiosos y políticos.
Es incuestionable que la seguridad le ha devuelto la vida a la sociedad. Le ha devuelto lo que le pertenece, como pueblo soberano, y por eso el respaldo hacia el presidente Nayib Bukele es total. Todo esto, a pesar de los escritos de plumíferos y las balbucencias de activistas de oenegés, que se mueven al son de Soros y otros personajes oscuros.
Ahora, el país ha entrado al último trimestre, en el que habrá mayor actividad económica. Un período en que las personas se sumergen en las graduaciones de sus hijos, en celebraciones en total seguridad. Un período en el que ya piensan en las festividades de alegría como son Navidad y Año Nuevo, sabiendo que nuevamente las disfrutarán en paz y tranquilidad.
El rumbo es el correcto. No lo digo yo. Las inversiones de los empresarios y el auge en varios rubros lo confirman. Lo dicen los mismos salvadoreños en todas las encuestas.
Claro, son realidades que alegran a más de 6 millones de salvadoreños, a la diáspora, pero causan dolor extremo en los enemigos de lo bueno. Realidad que duele.





