Una de las grandes contradicciones que hay entre la realidad y los que promulgan el así llamado «progresismo» es que abogan por los derechos de todas las personas sin excepción, pero, en la práctica, eso significa únicamente que están a favor de los derechos de los criminales.
Hemos visto continuamente cómo hay críticas porque no se cumple el «debido proceso» cuando se han arrestado a decenas de miles de pandilleros y colaboradores, pero no hubo ni un pronunciamiento por los centenares de miles de víctimas de las pandillas, a lo largo de las décadas en las que estos grupos criminales aterrorizaron al país.
Cuando la prioridad en las políticas de seguridad de un Gobierno, como el de Nayib Bukele, son los ciudadanos honrados, cabe destacar que eso implica sacar de circulación, con todas las herramientas que la ley dispone, a quienes atentan contra la vida, la seguridad, la dignidad y el desarrollo de las mayorías.
Todas estas acciones del Gobierno han resultado en convertir a El Salvador en el país más seguro del hemisferio occidental. Y eso no es poca cosa, porque el país viene de ser una de las naciones más violentas del mundo, una terrible calificación fruto de los malos gobiernos de ARENA y del FMLN.
Para poder conquistar la paz, El Salvador ha transitado desde un sistema corrupto hasta uno transparente, donde las prioridades son la persona, los valores familiares y el derecho a la superación.
Para lograr esta transformación, El Salvador necesitaba a jueces comprometidos con defender a los ciudadanos y no a funcionarios que obedecían las órdenes de sus jefes políticos o de criminales.
También El Salvador necesitaba tener congruencia entre sus valores y las leyes que lo rigen, garantizando la inclusión de todas las personas, no a través de mecanismos vacíos y retóricos, sino de verdaderas políticas que integran a los marginados a espacios sociales que garanticen su desarrollo y plena.
Los derechos a la vida, a la integridad física y a la propiedad estuvieron ausentes durante muchos años para la mayoría de los salvadoreños, quienes sufrían los desmanes de las bandas terroristas que les arrebataban la vida, el fruto de su trabajo o violentaban a las jóvenes.
Gracias a la conquista de la paz, los salvadoreños tienen mayores oportunidades de hacer realidad sus sueños, de mejorar económicamente y de recorrer todo el país sin miedo a que delincuentes les roben todo o los asesinen.





