La llegada de Nayib Bukele como presidente de El Salvador permitió la evolución del sistema político nacional, el cual se había estancado en torno a dos partidos políticos que funcionaban de manera simbiótica.
Cual engranajes de la misma maquinaria, la aparente competencia entre ellos daba una ilusión de dos adversarios que ofrecían propuestas diferentes para gobernar al país.
Los discursos, en apariencia antagónicos y con posturas ideológicas enfrentadas, creaban una polarización artificial que hacía funcionar al sistema político: en la medida que los activistas se radicalizaban en uno y otro bando las posturas públicas se presentaban como un debate, a veces elevado de tono, entre un partido de izquierda y otro de derecha.
Aunque los 20 años de ARENA dieron paso a 10 años del FMLN, en sentido estricto no podemos hablar de que hubo una «alternancia», ya que funcionó más como una sustitución de uno por el otro.
En la práctica, lo que hubo fue una continuidad. El FMLN llegó a administrar un sistema que había surgido con ARENA. En lugar de implementar los cambios estructurales que el pueblo esperaba, el «partido de izquierda» se instaló en la burocracia, convirtiendo al Estado en una fuente de salarios para sus activistas: los ministerios se llenaron de personas que no estaban capacitadas para las funciones que sus trabajos demandaban, sino que estaban ahí porque en la campaña electoral habían «sudado la camiseta».
Y no fue algo que el FMLN inventó, eso ya existía y ARENA lo tenía desplegado de manera extensa por todas las oficinas de Gobierno. De hecho, la institucionalidad que surgió de los acuerdos firmados en Chapultepec se incorporó desde el primer momento en el esquema de repartos y fue copada por militantes. Los gobiernos clientelistas fueron un distintivo tanto de ARENA como del FMLN.
La innovación y modernización del Estado fueron totalmente relegadas precisamente porque significaba menos activistas asalariados. Por eso es que se entiende cuando ambos, areneros y efemelenistas, critican que el Gobierno del presidente Bukele implemente procesos novedosos y disruptivos, que incorpore la inteligencia artificial en un sistema de atención médica único y pionero en el mundo o que incluso construya mercados públicos con infraestructura de altos estándares internacionales.
Con el presidente Bukele, la democracia en El Salvador dio un salto al futuro y ha puesto al país en la vanguardia de muchas áreas, como la seguridad, el turismo, la educación y la atención de usuarios.





