Cuatro días después de los terremotos del lunes en Turquía, rescatistas de ese país e internacionales continúan encontrando vida entre los escombros. Tanto niños como adultos son asistidos por el personal de rescate luego de la destrucción total de sus viviendas o grandes edificios.
Los socorristas se sorprenden con cada milagro que presencian a diario, como fue el caso de Yagiz Ulas, un bebé de 10 días de nacido, rescatado por un equipo de Estambul en la provincia de Hatay. Con la operación de búsqueda también lograron rastrear a su madre. El bebé fue envuelto en mantas para resguardarlo del frío y fue trasladado junto a su progenitora a un hospital local.
Este es el segundo bebé recién nacido que reportan las autoridades como sobreviviente. El pasado 7 de febrero, los expertos localizaron a una bebé nacida bajo los escombros y todavía unida por el cordón umbilical a su madre fallecida. La menor fue hallada en Jindires, una localidad en el noroeste de Siria.
Otra bebé cuatro meses e identificada Abir fue rescatada junto a su familia tras la tragedia por miembros de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (SDC) en Antakya, en la provincia de Hatay.
Ayer, en medio de aplausos, también vio la luz del día Moussa Hmeidi, de seis años. Un niño que había quedado atrapado entre escombros de un edificio en la localidad de Jindires.

Herido en la cara y en estado de choque, sobrevivió más allá de las 72 horas que los expertos consideran clave para encontrar a supervivientes bajo las piedras.
«Moussa tiene heridas superficiales. Su hermano fue encontrado muerto y el resto de su familia sigue bajo los escombros, no sabemos nada de ellos», declaró Abu Bakr Mohammad, un habitante que participó en el rescate, a la AFP.
Los socorristas le dieron unos primeros auxilios y le vendaron la cabeza y la mano.
Sin embargo, las labores no solo se centran en los humanos, sino también en las mascotas. El jueves, los rescatistas extrajeron a un perro llamado Pamuk de los escombros de un edificio derrumbado en Hatay y se lo entregaron a sus propietarios.
Hasta ayer, las autoridades turcas reportaron más de 23,000 fallecidos en Turquía y Siria. Además, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, admitió que las labores de rescate del Gobierno fueron menos rápidas de lo esperado.
«Hubo tantos edificios dañados que desafortunadamente, no pudimos acelerar nuestras intervenciones como hubiéramos querido», afirmó Erdogan durante una visita a la localidad de Adiyaman, una zona muy castigada.








