Las autoridades de Seguridad Pública actuaron de una manera muy expedita para capturar a delincuentes juveniles que buscaban organizar una nueva pandilla en institutos.
La Fiscalía General de la República, comprometida a erradicar desde la raíz a los grupos de crimen organizado, ordenó la detención de 40 estudiantes ligados a una estructura denominada La Raza Estudiantil. Las investigaciones demostraron que los detenidos amedrentaban a otros estudiantes.
Incluso se tienen testimonios sobre agresiones sexuales, consumo de drogas y ataques contra sus compañeros de clases y de otras instituciones educativas.
Hay que recordar que hace más de 25 años la enemistad entre estudiantes provenientes de «institutos nacionales» y «los técnicos» provocó verdaderas batallas campales en el centro de San Salvador.
Los bandos utilizaban piedras, sus cinturones y hebillas, pero pronto pasaron a cuchillos y armas de fuego.
El problema fue creciendo ante la actitud permisiva de las autoridades. Los gobiernos de ARENA y del FMLN no le pusieron atención y dejaron que estos grupos se volvieran más violentos.
Con el tiempo, fueron cooptados por las pandillas y convirtieron a los adversarios en enemigos a muerte. Un bando engrosó a la MS-13, y el otro, al Barrio 18.
Hubo gestiones para pacificar a los institutos, tanto los nacionales como los técnicos, pero no provinieron de los gobiernos, sino de esfuerzos de jóvenes que buscaron erradicar la violencia.
Lo cierto es que se requirió mucho tiempo y dedicación para eliminar el problema. Y, sin embargo, las pandillas continuaron reclutando a jóvenes para convertirlos en asesinos, extorsionistas, violadores y traficantes.
El presidente Nayib Bukele les declaró la guerra a las pandillas. Y gracias al Plan Control Territorial y al régimen de excepción más de 86,000 integrantes y colaboradores de las pandillas fueron enviados a prisión.
La misión que tienen las fuerzas de seguridad (Policía Nacional Civil y Fuerza Armada) es impedir el surgimiento de estructuras criminales, especialmente entre los jóvenes.
Existen numerosos videos del Cecot, el destino de los delincuentes que integran las pandillas. Y también es evidente el apoyo del pueblo salvadoreño a la cruzada contra las maras. El germen de estas organizaciones terroristas debe ser erradicado desde el momento en que surja. La sociedad salvadoreña ha sufrido demasiado como para permitir que las maras vuelvan a surgir. No solo hay rechazo popular, sino que también tenemos un Gobierno que tiene claras las prioridades: proteger la vida y los derechos de los ciudadanos.





