La política en circunstancias especiales se mueve por agotamiento colectivo. La sociedad salvadoreña se cansó de los gobiernos de ARENA y del FMLN por los continuos errores políticos en la conducción del Estado, y además por los señalamientos de gente de Gobierno que quedó envuelta en una serie de escándalos que marcaron su legado político y que, hasta la fecha, están pendientes de descifrar.
En este contexto surge la figura política de Nayib Armando Bukele Ortez, quien logra la presidencia de la república. La institución presidencial es una unidad estratégica administrativa del Estado salvadoreño, y la cabeza política es el presidente de la república, y, por ende, es el representante político del Estado.
La Presidencia de la República tiene una característica: es indivisible, ya que está ligada de forma indisoluble al poder político. Desde el ascenso del presidente Bukele al soleo presidencial, ha mantenido un mensaje contundente de unidad nacional, con medidas de protección a favor del pueblo salvadoreño, y a su vez el pueblo aprueba su gestión, esa es su voluntad; y se expresa en comentarios, en los corridos políticos y sociales, la posibilidad de un tercer período presidencial.
Su Gobierno ha sido atacado por continuas campañas disociativas sin fundamento, pretendiendo que la opinión nacional se divida, pero no lo han podido lograr, porque el presidente Bukele interpreta los deseos y anhelos del pueblo.
En el ejercicio del poder, el presidente Bukele ha adquirido una experiencia pragmática, afinando la comprensión de los asuntos que ventila la Asamblea Legislativa, atendiendo el valor estratégico de dicho órgano en las nuevas líneas de pensamiento que conduce la transformación política nacional. El tiempo político se debe interpretar sin interferir en él, de tal manera que el jefe del Estado salvadoreño ha puesto al servicio del Estado su mentalidad estratégica para lograr objetivos nacionales inmediatos y mediatos, sustentados en el interés nacional. Esa capacidad de trabajo tiene las características de ser disciplinada y con una visión relacionalista del poder, de esta manera logra estrechar vínculos con la gente, sabe escuchar, resolver peticiones y mantener una narrativa analítica en sus intervenciones públicas. No son discursos emocionales para evitar interpretaciones vacías, puesto que su pensamiento político está articulado alrededor de los temas de Estado.
El Órgano Ejecutivo se constituye como el eje coordinador y cohesionador lo suficientemente fuerte para ejercer la dirección política del Estado y, en tal sentido, se ha visualizado la necesidad de una revisión integral, no por cuestiones ideológicas, pero con una visión de futuro para modernizar el Estado. En tal virtud se ha iniciado la segunda transformación política en El Salvador, en el mandato del presidente Bukele, el cual es pragmático y se encuentra en el despegue de su auge, sentado en las bases de un proceso de institucionalización en sus estructuras.
Dicha transformación política, social y económica es un proceso largo, que puede comprender de cinco a 20 años, que requiere de un proyecto de nación que defina metas y objetivos de mediano y largo plazo que aseguren el desarrollo, la seguridad y el progreso de El Salvador.
La lógica del cargo de presidente con tono estructural en el ejercicio del poder, su manejo, funcionamiento y la dinámica de este nos indica la importancia para consolidar el desarrollo del país, con una nueva óptica, con determinación, precisión de Nuevas Ideas en los temas de gran envergadura nacional, para lo cual se requiere: 1. Redefinir la organización de prioridades en los objetivos del Estado. 2. Diagnósticos precisos. 3. Disciplina tributaria. 4. Revisión de políticas de gasto público. 5. Acciones calculadas con finura y precisión que traspasan el umbral del poder, es decir, el inicio de algo nuevo y trascendental para la república.
El presidente Nayib Bukele ha demostrado un profundo amor por su pueblo, que se ha lanzado con la fuerza de la historia, con los ojos puestos en el futuro, y que ha demostrado su decisión para cambiar el destino de la República de El Salvador. Que se mueve como un zorro para detectar las trampas, y como un león para ahuyentar a los lobos.






