Los casos de ceguera y otros padecimientos de discapacidad visual aumentan en el mundo mientras crecen los llamados de alerta de Naciones Unidas, que conmemora este sábado 4 de enero el Día Mundial del Braille y la prevención de los padecimientos visuales. Los datos comparativos por décadas reflejan esa tendencia.
Los números globales facilitados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que más 2.200 millones de personas con deterioro de visión y unos 1.000 millones con riesgo de perder la vista por diferentes causas. El número global de personas no videntes se calcula en 39 millones.
«Se estima que, a nivel mundial, solo el 36 % de las personas con un deterioro de la visión lejana debido a errores de refracción y el 17 % de las personas con discapacidad visual debida a las cataratas han tenido acceso a una intervención adecuada», según la OMS, que trabaja en guías para agilizar la atención en los países como un acuciante tema de salud «urgente».
Esta imagen de microscopio electrónico facilitada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) muestra un grupo de viriones de norovirus.
Este organismo de la ONU estima que la discapacidad visual supone una enorme carga económica al afectar la producción que a nivel global supondría unos 441.000 millones de dólares.
En Latinoamérica
Los países latinoamericanos no escapan a la ceguera que, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a partir de estudios estima que por cada millón de habitantes hay unas 5.000 personas no videntes. En el mismo rango habría unas 20.000 con visión parcial.
Y «la carga de la ceguera no está distribuida uniformemente en la América Latina y el Caribe», pues buena parte de las personas que han perdido la vista, sus enfermedades pudieron ser tratables, dice el organismo regional.
«OPS también considera que en la región las personas más pobres son las que padecen sin un debido tratamiento afecciones de cataratas, defectos refractivos, retinopatía diabética, ceguera infantil, glaucoma, oncocercosis y tracoma», que terminan en ceguera.
Si a ello se agrega que las personas con discapacidad «tienen menos probabilidades de acceder a la atención sanitaria, la educación y el empleo y de participar en la comunidad», por las limitantes propias de su condición.
Aunque los problemas de visión no tienen un grupo específico con mayor vulnerabilidad, pero los registros de las agencias de la salud de la ONU indican que la mayor concentración de casos de discapacidad visual o ceguera aumenta en personas de 50 años.
«La pérdida de visión puede afectar a personas de todas las edades, la mayoría de las personas con discapacidad visual y ceguera superan los 50 años», puntualiza la OMS.







