Por increíble que parezca, cuando El Salvador sufría masacres todos los días y el récord de asesinatos era de varios miles por año, la comunidad internacional no tenía ningún problema con ello. Al contrario, celebraba «la alternancia», aunque estuviera rodeada de muertes.
Cuando los pandilleros eran quienes en realidad mandaban a todo lo largo y ancho del país, cuando extorsionaban, violaban a niñas, asesinaban a jóvenes que se negaban a incorporarse a sus organizaciones criminales, cuando traficaban drogas y armas, entonces, para muchos, El Salvador vivía en democracia.
¿Dónde estaban las organizaciones de derechos humanos para denunciar que en El Salvador no se respetaba la vida de sus ciudadanos?
¿Dónde estaban los gobiernos que ahora se preocupan porque El Salvador, de manera soberana y conforme a su marco institucional, ha adecuado sus leyes para los tiempos actuales?
Los activistas que se denominan periodistas se dedicaban a ensalzar la violencia y a crear «salas negras» y a lucrarse con el dolor de la gente. Cuando llegó la verdadera paz, huyeron del país a buscar miserias y muertes en otras naciones para poder garantizar el financiamiento de sus amos.
El presidente Nayib Bukele ha sido el único que ha logrado desarticular las pandillas y enrumbar El Salvador por el camino correcto.
De ser la nación con más asesinatos en todo el mundo, El Salvador ahora es el país más seguro del hemisferio occidental y se encamina a liderar a las naciones con menos violencia a nivel global.
¿Cuál ha sido la diferencia? La diferencia ahora es que lo que de verdad quería el pueblo salvadoreño se está cumpliendo: tenemos un Gobierno que es fuerte contra el crimen, pero extiende su mano hacia los ciudadanos que lo necesitan.
La inversión que se ha hecho en el tema de educación en todos los niveles es la más grande y significativa en la historia salvadoreña.
El país se ha convertido también en un imán para inversiones e innovación, gracias a las nuevas leyes impulsadas desde la Asamblea Legislativa que ahora sí se dedica a apoyar el plan de Gobierno del presidente Bukele.
Con todo este camino avanzado es lógico que los salvadoreños prefieran mantenerse en la ruta del desarrollo y no regresar a los tiempos en los que los aliados de las pandillas les permitían controlar al país a su antojo.
Solo el que no ha vivido bajo el terrorismo de las pandillas puede salir ahora a decir que es injusto que estén encarcelados de por vida en el Cecot.
Y solo quien no ha padecido de la corrupción de la vieja clase política no va a querer que el presidente Bukele continúe con su trabajo de la forma en como lo está haciendo.





