El proceso histórico de atraso en América Central parte de una inequitativa distribución de los medios de producción y, por consiguiente, una excesiva acumulación de capital en un porcentaje mínimo de la población, además de ser un sistema injusto que no permitió el desarrollo del istmo.
Luego de la reforma agraria liberal y la eliminación de los ejidos comunales se creó una mano de obra semiesclava, creándose un mercado limitado, no permitiendo un proceso de industrialización como en otras áreas geográficas. Por 200 años, además de estas condiciones económicas desiguales, tenemos que agregar que hubo excesiva acumulación de poder político que no permitió el desarrollo social de la población, ya que no se le dio prioridad a la educación ni a la salud, sino más bien se crearon sociedades violentas. Son pilares básicos los mencionados anteriormente para que una sociedad se desarrolle.
Los problemas de marginación se agravan, ya que los gobiernos de los siglos XIX y XX y los primeros del XXI no se preocuparon por proveer vivienda y los servicios básicos como agua potable, energía eléctrica, vías de acceso, ni mucho menos deporte, arte y lugares dignos para recreación.
Si queremos cambiar la historia y darle oportunidad a este pueblo de vivir dignamente, tenemos que tomar medidas de carácter estructural que permitan una mejor distribución de los medios de producción e ingresos que los faculte tener mejor educación y salud como base de una vida digna. ¿Cómo concretamos esto?; primero, lo básico, un sueldo que cubra el costo de vida; impuestos progresivos y a los artículos suntuarios, destinar un 10 % del presupuesto a salud y un 8 % a educación, cero aranceles a los productos de la canasta básica ampliada, impuestos crecientes al patrimonio, bancarización completa y acceso flexible al crédito productivo para la pequeña y mediana empresa como motores para el desarrollo, un plan de construcción de vivienda popular y la reinserción de la población marginada, electrificación y agua potable total, vías de acceso adecuadas, un plan de rescate del agro e incentivos para el incremento de la producción, así como para el sector ganadero y pesquero.
Esto en la fase 1, en una siguiente fase tiene que ser un plan agresivo de pleno empleo mediante asocios público-privados donde el sector laboral tenga acciones y poder de decisión, subsidios a la empresa privada para la creación del primer empleo, ampliación y creación de zonas francas y facilidades al inversor extranjero, créditos productivos para reconversión industrial, agilización en la tramitología. Un programa para minimizar la vulnerabilidad por fenómenos naturales y un plan integral del medioambiente.
En una fase 2, apoyo al sector cooperativo agrícola, al sector exportador apoyo directo en los pasos a seguir, agilización en toda la documentación aduanal y eliminación de cualquier trámite que entorpezca su labor.
La reducción del gasto público y una mayor productividad en la labor gubernamental contribuye a la reducción del déficit fiscal, una mayor recaudación fiscal ayuda a lo anterior y a un mayor gasto en el área social.
La diversificación de la matriz energética es prioritaria para no depender de los combustibles fósiles.
Mayores incentivos a empresas tecnológicas y de producción de mayor valor agregado, campaña de visita de relaciones exteriores agresiva a países de Asia, Europa y América Latina donde las agencias de desarrollo presenten el plan de facilidades de inversión, tratados de libre comercio que nos permitan acceder a nuevos mercados contribuyen a la diversificación de las exportaciones.
En la medida que logremos elevar el nivel de vida de toda la población y sacar de la marginación y pobreza a nuestros hermanos salvadoreños podremos decir misión cumplida. Es una titánica tarea. El primer paso ya se dio: tener la voluntad de llevarla a cabo.






