En un mundo dominado por los correos electrónicos, los mensajes de texto y las redes sociales, es fácil olvidar que la necesidad de comunicar a distancia es tan antigua como la civilización misma. La historia del correo es un testimonio del ingenio humano y de la constante búsqueda por conectar a las personas a través del tiempo y la distancia.
Los orígenes del correo se remontan a las civilizaciones antiguas. En el antiguo Egipto, los faraones utilizaban mensajeros para enviar decretos y mantener el control sobre sus vastos imperios, a menudo utilizando papiro. Los persas, bajo el reinado de Ciro el Grande, desarrollaron uno de los sistemas postales más eficientes de la época, con postas (puntos intermedios) estratégicamente ubicadas a lo largo de las rutas. Los romanos también implementaron un sofisticado sistema, «el cursus publicus», que facilitaba la comunicación oficial y militar por todo su imperio.
Según José Alirio Velis, asistente técnico de la Dirección de Correos, quién tiene más de 50 años de experiencia en diversos cargos de operación y planificación de la entidad, determinar el origen exacto del correo es adentrarse en las profundidades de la historia, con indicios de sistemas de comunicación organizados que se remontan a las civilizaciones antiguas.
«Historiadores como Heródoto, 500 años antes de Cristo, ya elogiaba la eficiencia de los “correos reales”, y la misma Biblia, en el libro de Ester, menciona cómo el rey Asuero emitió un edicto revocando la persecución de los hebreos. No se sabe con precisión, unos dicen que fue Persia, otros dicen que fue Egipto, donde hubo una organización. La verdad es que todos estos imperios tuvieron un sistema de comunicación porque a los reyes, gobernantes, faraones, les interesaba que sus órdenes se llevaran a todos los habitantes de sus pactos-imperios. El correo ha ido evolucionando», explica.
En el contexto centroamericano, el correo fue un elemento crucial desde la época colonial. Tras la firma del Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821 en la Ciudad de Santiago de los Caballeros (Guatemala), la noticia tardó cinco días en llegar a El Salvador, traída por un «correo mayor». Este hecho subraya la importancia vital del servicio postal en la difusión de información trascendental. Aunque las comunidades indígenas salvadoreñas contaban con sus propios métodos de comunicación, el sistema español estableció rutas más sistemáticas que conectaban Guatemala con El Salvador y Costa Rica.
Un punto crucial fue la introducción del sello postal prepagado en 1840 por Sir Rowland Hill en el Reino Unido, con el famoso «Penny Black». Esta innovación democratizó el acceso al correo, haciéndolo asequible y estandarizando su uso. La idea se extendió rápidamente por todo el mundo, eliminando la necesidad de que el destinatario pagara el envío y simplificando enormemente el proceso.
En El Salvador, la historia de correo es un fascinante reflejo de la evolución de las comunicaciones y la infraestructura del país, desde sus orígenes ancestrales hasta la modernidad digital.
Los orígenes del servicio postal en el país se remontan a la Colonia, aunque de manera incipiente y desorganizada. Se considera que el establecimiento formal de un servicio de correos en El Salvador tuvo lugar a mediados del siglo XIX, sentando las bases para lo que hoy se conoce. Las primeras oficinas postales operaban en puntos estratégicos, conectando las principales ciudades y, gradualmente, llegando a zonas rurales.
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