Desde hace 40 años, David Antonio Portillo se desempeña como docente en el centro escolar del cantón El Papalón, del distrito de Moncagua, en San Miguel Centro.
En todo este tiempo, desde las aulas ha vivido los cambios sociales que impactan a la población educativa de forma positiva o negativa, además de reinventarse para hacer frente a los retos tecnológicos, pero siempre con la firme convicción que lo impulsa a buscar nuevas estrategias de enseñanza.
«Cuando vine [al centro escolar El Papalón] en 1985 eran alumnos en sobreedad en su mayoría, algunos físicamente eran más altos que yo, pero respetuosos; con la guerra civil y las pandillas se fue complicando. El valor del respeto viene desde la casa, a la escuela le corresponde dar continuidad a la formación de valores», comentó.

Su experiencia le indica que «los alumnos que tienen padres y madres que se dedican a ellos en la parte afectiva son integrales. Pero algunos que quedaron con algún familiar o cuidador que no se siente con la autoridad de corregirles tienen cierto problema de conducta», agregó.
A pesar de los años de trabajo, este profesor mantiene el mismo entusiasmo que experimentó aquel primer día que ingresó a un salón de clases en 1984 en el centro escolar del cantón El Jícaro, La Unión, donde trabajó un año para luego llegar al cantón El Papalón.
«Me siento bastante contento de la profesión que elegí, incluso no me he retirado aún; estoy haciendo los trámites para tener todo listo para cuando tome la decisión. Les digo a mis compañeros: “Me siento como si estuviera iniciando”. Creo que, en cierto modo, tengo cierta vocación», comentó.

David ha logrado integrar en la docencia, su pasión por el fútbol, así como sus conocimientos agrícolas en la siembra de granos básicos y hortalizas, y cuidado de animales de granja, incentivando a los alumnos y padres de familia a producir sus alimentos.
«Lo que más me gusta de ser maestro es la relación con los padres de familia. Algunos fueron mis alumnos. También me siento muy, pero muy orgulloso cuando me saludan y me cuentan que se han graduado en una carrera universitaria o que ejercen un buen oficio. Es un agrado para nosotros como maestros saber que tenemos participación en la formación de ese alumno», señaló.
«Además, soy del campo, como muchos de los alumnos de la zona rural, y mi pasión es el fútbol. Junto a otro compañero damos Educación Física, y eso permite armonizar la relación con los alumnos. Es una forma de aprendizaje para ellos», agrega.

David es originario del cantón Planes Tercero, distrito de Chinameca, San Miguel Oeste, y el menor de seis hermanos, pero fue el primero en ejercer la docencia.
Cuatro hermanos decidieron seguir sus pasos en la docencia. «Los cuatro ya se jubilaron, yo aún continúo, pero pronto me jubilaré», apuntó.







