Un barrendero que hace tres décadas limpiaba la alfombra roja del Festival de Cannes, posará este sábado en ella, entre las grandes estrellas, para presentar su propio documental.
«El adulto que soy tomó la mano del niño que fui para realizar este sueño», explica a la AFP David Hertzog Dessites, de 51 años, que estrenará «Il était une fois Michel Legrand» («Érase una vez Michel Legrand»), un documental sobre el famoso músico francés.

Cuando supo que había sido seleccionado en la sección Cannes Classics, dedicada a copias restauradas de películas antiguas y a documentales, Hertzog Dessites no se lo podía creer. Y le vino un recuerdo a la mente.
«Una mañana, hacia las 4:00 a.m., en mi traje de barrendero […] me estiré en la alfombra roja, diciéndome ‘volveré aquí con mi película’», recuerda.

De niño, su madre lo llevaba cerca del Palacio de los Festivales para ver en la alfombra roja a las estrellas de Hollywood, como Kirk Douglas o Robert Mitchum.
Su vida dio un vuelco a los 20 años, con el fallecimiento de su madre, trabajadora municipal. La ciudad de Cannes le propuso entonces un puesto de barrendero.
«Festival a escondidas»
Tenía amigos que trabajaban para el certamen, lo que permitió vivir el «festival a escondidas» a este cinéfilo que entraba en las sesiones a hurtadillas.
Una mañana, en una sesión de las 11h00, se metió en una proyección de «Pulp fiction» de Quentin Tarantino. «Vi a Clint Eastwood [presidente del jurado] llevarse las manos a la cara de tanto que se reía», cuenta.
La desaparición de su madre fue un «auténtico impulso», que le ayudó a transformar «esta pena en energía positiva», cuenta Hertzog Dessites.
Se compró su primera cámara y empezó rodar de forma autodidacta. «Yo envidiaba a mis amigos en la escuela de cine, y ellos me envidiaban porque mi punto de vista no estaba condicionado», explica.
En 1999 viajó a Estados Unidos para filmar a los seguidores incondicionales de «La guerra de las galaxias» que esperaban impacientes el estreno del episodio de «La amenaza fantasma».
«Los fans en Hollywood, en Nueva York, estaban locos, esperaban en tiendas de campaña cerca de los cines para ser los primeros en ver la película», explica, sobre un documental que ya en su momento llamó la atención.







