Recién, en el día internacional del portero, este 14 de abril, Shafick Chávez colgó en su muro de Facebook cuatro postales: dos en compañía de Mario González y Sergio Sibrián, sus pupilos en Alianza, una él en solitario y una cuarta de Vilma Chávez, su hija de 18 años, quien contra viento y marea busca ampliar la leyenda y relación de los Chávez con la portería.
Vilma, quien debutó con el Alianza Women de la primera división femenina, comenzó a jugar como defensa por derecha, pero tardó muy poco en descubrir que lo suyo era la portería y es una posición futbolera que la trae inyectada en la sangre.
Según Shafick, fue su padre don José Napoleón Chávez quien sazonó el gusto por jugar bajo la portería. Lo hizo a nivel amateur, pero le siguió primero Edwin Chávez como portero de segunda división en Vencedor, Agave y Gerardo Barrios, y luego se sumó él recorriendo por equipos de Primera como Limeño, Balboa y Fuerte San Francisco.
En su niñez Shafick apenas se enteró que su Papá había sido portero, sin que nadie le dijera fue una posición que adoptó de los 9 y 10 años que jugaba en la sala o en el patio de su casa en Santa Elena, Usulután.
Ahí empezaría su formación en una escuelita local hasta debutar con Vencedor en Segunda, a los 15 años, y luego hacer carrera profesional por varios equipos en el Oriente.



Su último equipo de los conocidos en Primera fue Fuerte San Francisco en 2005, pero volvió al Vencedor en Segunda para su retiro definitivo en 2006. Es decir, hace 19 años.
Para ese entonces, Vilma, la tercera de sus hijos, aún no había nacido, y entre los quehaceres del trabajo, el tiempo de formación para que su único hijo varón fuera futbolista se pasó y se creyó que hasta ahí se escribiría la historia de porteros en la familia hasta que llegó la pequeña de los Chávez.


«Da alegría, aunque en un inicio no era lo que me esperaba. Es un puesto en el que siempre se sufre, da alegrías, pero da esa amargura de un gol, de un torneo. En mi mente no hubiera querido que lo vivieran mis hijos, en este caso mi hija», dice Shafick quien asegura que intentó que su hija desistiera, pero resultó imposible.
«Cuando ella inició, inició como defensa lateral, pero en su proceso de formación ella me dijo: yo quiero ser portera, le expliqué todas las implicaciones y me dijo: yo quiero y comenzamos a trabajar en todas las cuestiones técnicas-tácticas para que ella tuviera ese recurso», explica.
De eso ya pasaron cuatro años y Vilma ya exhibió sus destrezas en equipos del Imder, en la reserva de los paquidermos, que es a donde pertenece, y ya tuvo su debut con el equipo mayor: Alianza Women.
«Mi Papá me heredó ese amor por la portería. Es una posición física y mentalmente exigida, pero a la ahora de estar en el partido la disfruto. Me gusta la posición y me gusta lo que hago», expresa Vilma.

Con apenas 18 años y un mundo por recorrer, Shafick, aunque a veces ha supervisado de cerca su trabajo y progreso, dice que Vilma tiene que jugar muchos partidos y tiene que equivocarse para sobresalir.
«Hay ilusiones, los comentarios de otros entrenadores son positivos. El recurso lo tiene», concluye.







