Las encuestas en tiempos no electorales continúan fotografiando varias realidades que, obviamente, a algunos les causa dolor de hígado y frustración. Veamos.
1. Todos los sondeos confirman que Nayib Bukele mantiene el respaldo de nueve de cada 10 salvadoreños. Aprobación histórica, sostenida. Y no es una evaluación de 100 días, sino de seis años de gobierno.
2. Las campañas orquestadas en mesas de oposición dentro y fuera del país, que fueron instaladas desde que Nayib anunció su aspiración para ser presidente de la república en 2017, que se reforzaron para evitar a toda costa un segundo mandato en 2024, y que continúan conspirando para lograr que el pueblo ya no lo apoye y la comunidad internacional lo repruebe, siguen en el rastro de los semovientes.
3. Los partidos tradicionales, otrora gigantes, están en su mínima expresión, las preferencias electorales son nada. La venda que sus asesores les han colocado en los ojos los tiene ejecutando estrategias opositoras fracasadas. Las ideologías quedaron pulverizadas.
4. El «periodismo» de los que se hacen llamar «independientes» no es creíble para la sociedad. Es que sabe que siguen agendas de mentes maquiavélicas, egoístas y corruptas. Bailan la canción de los dólares. ¡Qué no han inventado o tergiversado para manipular la percepción de los salvadoreños! El pueblo sabe que sus plumas y micrófonos son de activismo político pérfido.
Y entre otras realidades, hay que entender que estas encuestas ahora sí reflejan el sentir y querer de los salvadoreños de todo el territorio nacional. ¿Por qué? En las décadas anteriores, los encuestadores no podían ingresar a cualquier lugar para hacer sus preguntas. El dominio de maras y pandillas era total. Éramos casi un Estado fallido.
Además, no había libertad para expresar la preferencia electoral. Era cuestión de muerte. Ese precisamente es el estado al que tanto anhelan regresar el «cantinero ventanero», sus escribientes afines, ONG activistas políticas, mercaderes de la fe, leguleyos, entre otros.
¿Qué ha pasado con el sistema político bipartidista impuesto luego de la firma de los falsos acuerdos de paz? Veamos.
Desde 1992, los institutos políticos que debieron garantizar la estabilidad, la seguridad y el desarrollo social y económico del país no hicieron nada en favor de la sociedad. Obviamente, a ARENA, el FMLN y sus partidos aliados no les importó ni un grano de mostaza; eso sí, mejoraron sus estilos de vida, el de sus familias y sus amigos.
Priorizaron sus propios intereses sobre el bienestar general. Por eso fomentaron la decadencia política y acrecentaron la desconfianza en sus gobiernos y en sus partidos políticos. Expertos en asesinatos, mataron la esperanza de toda una nación.
Sobran las razones fundamentales por las cuales los gobiernos areneros y efemelenistas fueron incapaces de tomar las decisiones necesarias para afrontar los problemas de la gente. Responderle al poder económico y llenarse los bolsillos fueron sus principales objetivos. Las sillas presidenciales fueron gerencias de los «amos de la finca».
Esto alimentó a todo tipo de grupos, empresas y algunos medios de comunicación para sumarse a la defensa de ese sistema mercantil, pero, al mismo tiempo, asesino del pueblo.
Esta degradación política fomentó también la aparición de grupos criminales, terroristas y otros que atentaron contra la seguridad ciudadana y erosionaron la estabilidad de El Salvador.
A medida que la política se fue pudriendo, se fortaleció el control del país en manos de unos cuantos, quienes lo movieron solo para saciar sus ambiciones, paralizando así el desarrollo de toda la sociedad.
No cabe duda de que existen muchas razones de peso para no confiar en los partidos tradicionales, principalmente porque fomentaron la corrupción galopante mientras dejaron abandonados a los ciudadanos. Y eso es precisamente lo que vienen retratando las encuestas desde las contiendas electorales de 2017.
Los políticos tradicionales y sus partidos se dedicaron a destrozar la confianza y esperanza de los salvadoreños. Fueron gobiernos serviles a los poderosos. Nunca fueron administraciones favorables a los más de 6 millones de salvadoreños.
Y, ahora, lloran cada dato de las encuestas, se rebuscan para desacreditarlas, usan sus panfletos para lanzar sus escupitajos de bilis, y eso incluye sondeos chafa. Han dado paso a que los ataques a Nayib sean comandados por ONG activistas políticas corruptas, mostrando así la degradación total. Llamar perseguidos políticos a delincuentes resume la verdad de su accionar.
¿Qué ha hecho de Nayib un líder amado y respetado por su pueblo?, ¿por qué se mantiene el respaldo y la aprobación de su presidencia por seis años? Veamos.
Primero, era necesario recuperar la confianza de la nación en su presidente y su gobierno. Y eso se hace dando un giro de 180 grados, con trabajo en favor de la población. Nayib lo hizo desde el primer día hasta hoy.
El presidente sabe que el horizonte está abarrotado de graves amenazas, como la proliferación nuclear, las guerras internacionales que impactan las economías en todo el mundo, el cambio climático, la inseguridad de grupos criminales, las pandemias.
Pero ha demostrado que tiene la visión y la valentía para enfrentar todo lo que afecte al pueblo salvadoreño.
Lograr la paz y la tranquilidad, impedir la reagrupación de maras y pandillas y el terrorismo que generan, responder a las crisis económicas que se mueven de país en país, rescatar la nación del Estado fallido, luchar contra el blanqueo de dinero y narcotráfico, son solo algunas acciones reales que hablan del porqué El Salvador respalda a su presidente.
Y las encuestas reflejan ese apoyo a Nayib. Cualquiera que quieran analizar, todas dicen lo mismo. La esperanza de que la UCA presentara datos diferentes, desfavorables al presidente, fue aplastada de tajo. La realidad los desquició al grado de suplicar de rodillas que mejor ya no publiquen encuestas.
Aquel que pidió a Nayib que reventara cohetes si sacaba 6 de nota, ahora mejor se pone a inventar otros temas, fiel a su estilo. Le dejo el dato: nueve de cada 10 salvadoreños aprueban y respaldan su trabajo en beneficio del pueblo.
¿Y cómo sale evaluada la seguridad? Respaldo total a las acciones, incluyendo el régimen de excepción.
Los deseos impuros de los perversos no pueden contra el sentir y la fuerza de toda una nación que valora a su presidente





