Desde hace más de un año han surgido en Santa Ana varias empresas de cerveza artesanal, como Puente Quemado, Torogoz y El Chero Brewing, las cuales tienen un variado catálogo de bebidas que se han convertido en un atractivo para turistas nacionales e internacionales.

LEE TAMBIÉN: Pasión y creatividad en cada receta cervecera

Las opciones al paladar van desde las suaves hasta las más amargas, pero cada botella lleva impresa la pasión de su creador.

El producto artesanal, elaborado sin aditivos ni conservantes, y que tampoco es sometido a pasteurización, se ha convertido en una forma de negocio para muchos emprendedores, quienes son apoyados por los Microcerveceros Artesanales Unidos Salvadoreños (MAUS).

José Alberto Hernández, propietario de la empresa Puente Quemado, inició su negocio hace cuatro años. Todo comenzó como un pasatiempo cuando fue a recibir cursos cerveceros en Guatemala en una academia de gastronomía en la que lo retaron a crear una cerveza artesanal.

«Fui ahí cuando me inicié como cervecero casero», comentó José Alberto, creador de las cervezas Justo Armas, APA, Citrus, Cali, Tropical Ale, De Trigo y Peste Negra.

La pasión por la cerveza artesanal fue tan grande que Hernández motivó a su herma no, Gustavo Camilo, a unirse al negocio. En un inicio, estos ingenieros guatemaltecos invirtieron $25,000 en la construcción y el montaje del cuarto de refrigeración, que hicieron con sus propias manos. También compraron ollas de presión, equipo de refrigeración y válvulas.

«Nos llamamos Puente Quemado porque, para nosotros, una vez que probás la buena cerveza, hecha con pasión e ingredientes premium, tu gusto cambia para siempre, y lo que te unía a lo que conocías como cerveza de toda la vida desaparece y se siente como quemar el puente con los sabores del pasado», dice con orgullo José Alberto.

En noviembre del año pasado, el sueño de los hermanos se hizo realidad con la primera línea de producción.

En la actualidad, el negocio tiene una demanda mensual de entre 40 y 60 cajas y produce cerveza de 150 mililitros. Además, cuenta con una cartera de clientes que incluye bares santanecos y también venden a domicilio.

«Fui a la primera Copa Quetzal a capacitarme en Guatemala con todos los cerveceros de diferentes países. Me encargo del proceso frío. Todos los materiales son importados de Estados Unidos; por ejemplo, el lúpulo, que debe estar en cadena de frío, cuesta traerlo porque lo catalogan como medicina», explicó Gustavo Camilo.

A pesar de las dificultades para conseguir la materia prima, ellos continúan preparando la cerveza y creando sus propios implementos de cocina, porque quieren legalizar su marca, Puente Quemado, una tarea que les costará $10,000 para tener la patente.

EL INFALTABLE TOROGOZ

En el caso de la cerveza artesanal Torogoz, llamada así por el ave nacional de El Salvador, es producida por el universitario Joaquín Rodríguez, quien lo comenzó como un proyecto académico hace un año.

Su marca ofrece un portafolio de cinco estilos de cerveza artesanal: Honey, Weissbier, Porter, Apa y Ginger.

Joaquín calcula que vende cerca de $2,000 mensuales, y sus cervezas cuestan entre $2.50 y $5. El producto es distribuido en 12 bares de Santa Ana y en tres restaurantes. A Joaquín y a su familia también les cuesta conseguir la materia prima, pero han logrado el apoyo de la empresa Cadejo Brewing Company para producir sus bebidas.

Rodríguez es un orgulloso técnico en laboratorio clínico y propietario de Torogoz.

El joven universitario, junto con sus hermanos, está invirtiendo en la creación de la fábrica alrededor de $2,500. Este negocio también se encuentra en proceso de legalización.

LA CERVEZA PERSONALIZADA

Por su parte, Ignacio Barahona, propietario del El Chero Brewing, emprendió su negocio hace un año con una inversión de $500 para la fábrica, y luego le inyectó $4,000 para fortalecer la marca.

La marca cuenta con diferentes estilos y sabores; entre estos, la Chuchoefinca, El Chero y Jamaica, además de producir cervezas personalizadas, con precios desde los $3.50 en presentaciones de 500 mililitros.

Barahona distribuye en 15 bares de diferentes municipios del país, desde Los Naranjos, en Santa Ana, y llega hasta la zona costera de El Tunco, en La Libertad.

Las cervezas santanecas son distribuidas en diferentes bares del país, y uno de ellos es el famoso Simmer Down, en Santa Ana, ubicado en el corazón de la ciudad.

Martín Espitia, encargado del bar, expresó que las cervezas artesanales tienen mucha demanda, lo que lo lleva a vender alrededor de nueve cajas mensuales.

Inicié como “hobby” hace cuatro años, y ahora es una realidad. Para mí, la cerveza es un alimento porque la consumimos hasta para preparar la comida».

JOSÉ ALBERTO HERNÁNDEZ, PROPIETARIO DE PUENTE QUEMADO.

Tenemos una demanda mensual de entre 40 y 60 cajas. Producimos cerveza de 150 mililitros y contamos con un bar de clientes de 80 %».

GUSTAVO CAMILO HERNÁNDEZ, FUNDADOR DE PUENTE QUEMADO.

Tenemos una ganancia de $2,000 mensuales. Estamos asociados a los Microcerveceros Artesanales Unidos Salvadoreños».

JOAQUÍN RODRÍGUEZ, PROPIETARIO DE TOROGOZ.