En noviembre de 2014, José David Ramírez González, de 16 años, estudiante que se había graduado con honores, fue acribillado a disparos por dos hombres en el cantón Plan del Pino, Ciudad Delgado.
Mientras que, en abril de 2016, el docente José David Callejas Rivera, de 29 años, también fue asesinado en el caserío La Máquina, cantón Sacramento, en el fronterizo municipio de San Francisco Menéndez. Ambos jóvenes fueron víctimas de las pandillas cuando estas tenían el control de diversos territorios en El Salvador.
Docentes y estudiantes eran blanco u objetivo del accionar criminal de las estructuras que tuvieron su apogeo principalmente entre el 2014 y 2016 en El Salvador. Solo en el 2015 se registraban no menos de 18 homicidios diarios; en todo el año hubo al menos 12 profesores y 46 estudiantes asesinados y en el año anterior [2014] 38 alumnos y 10 docentes.
El sector educativo fue por muchos años objetivo de las pandillas. Estudiantes y docentes fueron acosados, asesinados, extorsionados y amenazados. Durante los gobiernos del FMLN, comandados por los expresidentes Mauricio Funes (ya fallecido) y Salvador Sánchez Cerén (prófugo), asesinaron alrededor de 500 estudiantes a escala nacional.
Para el 2016, la situación de inseguridad hacia el sector docente y estudiantil se agravó. En enero al menos tres estudiantes fueron asesinados, entre ellos una joven de 18 años que cursaba segundo año de enfermería en el Instituto Nacional de San Martín. Mientras que, un estudiante que había finalizado clases como técnico en una escuela superior en La Unión fue encontrado muerto en la zona del Río Grande de San Miguel.
36,000 DESERTARON DE LAS AULAS
Al finalizar el 2016, autoridades policiales y del ministerio de Educación registraron 71 estudiantes y nueve profesores asesinados. Para ese año, también las autoridades informaron sobre la deserción de al menos 36,000 estudiantes, de estos, 15,000 por razones de inseguridad. En el 2017, solo en el primer semestre fueron asesinados seis maestros y 16 estudiantes.
Actualmente, la situación para el sector estudiantil y docente es completamente diferente gracias a los altos índices de seguridad que se mantienen en El Salvador. Desde el 2019, al ser desarticuladas las pandillas, bajo el gobierno del presidente Nayib Bukele, la violencia homicida se disminuyó y el promedio se mantiene aproximadamente en 0.15 homicidios por día. En 2019 la cifra de estudiantes asesinados fue de 25, en 2020 disminuyó a 2 y en 2021 se registraron 5 casos. En los años posteriores, las autoridades ya no registran muertes en el sector.
Padres, estudiantes y docentes se mantienen sin la preocupación de ser acosados o amenazados por las pandillas. Las autoridades atribuyen esto como parte de los logros obtenidos por parte del Gobierno del presidente Nayib Bukele durante la implementación del Plan Control Territorial (PCT) y del régimen de excepción.
La seguridad que se registra en el país permite que más estudiantes lleguen a las escuelas, debido a que no deben preocuparse por los límites territoriales de facto, que existían antes impuestos por las maras, o el acoso de los terroristas y que impedían a cientos de jóvenes asistir a clases.
«En los centros educativos [las maras] amenazaban y pedían “renta” -extorsión- a los maestros, ya que la escuela no escapaba del flagelo de las pandillas. El régimen y el Plan Control Territorial han garantizado la libertad y seguridad de los estudiantes. Ahora las escuelas pueden desarrollar torneos con otras escuelas.
«Ahora puede haber un intercambio deportivo sin la preocupación de que tienen que ir a otra zona de peligro», ha dicho el ministro de Educación, Mauricio Pineda.
De igual forma, para mantener la seguridad, la Policía da continuidad a planes de prevención de la violencia en más de 1,500 centros educativos del país.






