En el proceso de transformación que vive El Salvador, la seguridad ha sido clave para empezar a cambiar situaciones que se habían convertido en graves problemas nacionales.
La degradación de la sociedad salvadoreña, que generaron las pandillas, provocó la pérdida de muchas libertades y dañó el tejido social y procesos como la formación académica de los más jóvenes.
Las pandillas crecieron porque encontraron un caldo de cultivo idóneo en las condiciones socioeconómicas que vivía el país, pero también por la falta de voluntad de los actores políticos para frenar tanto las desigualdades sociales como para prevenir que los niños fueran seducidos por los grupos criminales.
En lugar de velar por reconstruir el país después de un conflicto armado, la clase política llegó a unos acuerdos que significaron el reparto de instituciones y el establecimiento del saqueo sistemático de las finanzas públicas a cambio de impunidad para sus corruptos.
Ahora que El Salvador pasó la página de la posguerra al elegir a Nayib Bukele como presidente de la República, es que estamos viendo una verdadera transformación, no solo de la seguridad, sino también de la educación, la economía, el turismo y de muchas otras facetas de la vida nacional, lo que genera un nuevo sentimiento de orgullo nacional.
Para evitar que las pandillas vuelvan a tener el atractivo entre los jóvenes es necesario que los valores cívicos sean una realidad en la juventud.
Rechazar el crimen y la vida de placeres y comodidades que ofrecía la pandilla es algo que un joven puede hacer, si tiene bien cimentados los valores cívicos y morales, pero también si existen las condiciones económicas para que su familia salga adelante.
El Gobierno del presidente Bukele está trabajando en ambas direcciones, tanto frenando la posibilidad de cualquier resurgimiento de maras y dignificando la educación y el civismo, como también cimentando las condiciones para un desarrollo económico más amplio en el país.
Gracias a esas transformaciones, vivimos un país en donde se ha conquistado la paz, lo que permite que los jóvenes y los niños vayan a recibir clases sin el temor de ser asaltados, de ser reclutados para formar parte de organizaciones criminales o incluso de ser asesinados.
En 10 años, las pandillas asesinaron a casi medio millar de estudiantes. Gracias a las exitosas políticas implementadas por el Gobierno del presidente Bukele, las maras y sus colaboradores están encarcelados.
Los padres de familia tienen la tranquilidad de que ahora sus hijos no pierdan la vida cuando van de camino a una escuela, que ahora les ofrece herramientas modernas y tecnológicas acordes con los nuevos tiempos.






