«¡Tenía más de 10 años de no probar un pan chorriado!», exclamó Samuel Rosales, quien desde el 2007 tuvo que migrar, debido a la delincuencia que se vivía desde entonces en El Salvador. Así como él, miles de salvadoreños se hicieron presente para celebrar el Día del Salvadoreño, en el Levy Event Plaza, en la ciudad de Irving, Dallas.
Dicha festividad tiene 25 años de celebrarse en Estados Unidos, en distintos puntos de esta nación, y ahora, por segundo año consecutivo, en Dallas se celebra a lo grande con toda la diversión que pudiesen vivir como si estuvieran en su terruño.
Las puertas abrieron a las 11 a.m., hora local (10 a.m. hora salvadoreña), donde el olor a pupusas, carne asada; la horchata, y otro tipo de gastronomía pudo ser degustada por los connacionales.
La música también puso su toque, la Orquesta Canela fue la encargada de abrir el día, y poco a poco iba llegando más personas y al escuchar el ritmo de la cumbia salvadoreña se prendían y bailaban. Una fiesta completa como que se tratará de una fiesta patronal de cualquier rincón de nuestro país.
«Dije, voy a ir a este evento, tenia ratos que quería ir a uno, y pues está muy bonito. Los panes con pollo están grandes, tengo que ir a probar todo lo que hay aquí. Tenemos que disfrutar y lo mejor, comer y bailar», expresó Samuel Rosales.
Este tipo de eventos tienen, según su fundador y los organizadores, el mantener la identidad de los salvadoreños que viven en Estados Unidos, quienes tienen infinidad de historias del por qué su migración, pero quienes al mismo tiempo, ahora, expresan su intención de regresar a invertir, o a cumplir metas que con lo que en el país del norte han comenzado a construir.
«Toda la diáspora está aquí, han venido de muchos estados de esta nación. El rescate de nuestras tradiciones, para que nos sintamos orgullosos de ser salvadoreño, no perdamos nuestras costumbres. Así también, como padres de hijos nacidos en Estados Unidos debemos inculcar esa identidad, para que esta comunidad se mantenga unida», expreso Evelyn Molina, organizadora del evento.
Pero como todo evento, debe haber un acto protocolar, y fue aquí donde se sintió el fervor de ser salvadoreño, pues al momento de cantar el himno nacional, todo el aforo de la plaza lo cantó a todo pulmón.
Ligia Morales se encargó de dar la nota musical nacional con la canción del «Sombrero Azul», eso hizo que se prendieran los ánimos cuando los asistentes corearon el dale salvadoreño». La banda de paz «Cuscatleca» puso el color con sus cachiporras y el toque como si fuese un 15 de septiembre.
Con ella aparecieron una representación de los viejos de agosto, que interactuaron con la gente. La gigantona de Jocoro también fue partícipe de la celebración.
Luego de ello, en el cierre fue espectacular con la música de La Máquina, que con su show mantuvo con el ánimo arriba el aforo. Johnny Molina, y la banda LL cerraron un evento que, miles de salvadoreños disfrutaron de principio a fin, pues les hizo sentir como en su casa, El Salvador.





