La gran transformación que ha experimentado El Salvador con el Gobierno del presidente Nayib Bukele se suele identificar con el aumento de la seguridad. Desde fuera, muchos observadores consideran que lo más importante es que ahora en el país no hay delincuentes paseándose por las calles para imponer su voluntad terrorista a millares de comunidades.
Otros, en cambio, señalan la «suspensión de derechos» en alusión al régimen de excepción, el cual, en otras latitudes, es una medida temporal para enfrentar emergencias. Suele desactivarse para cumplir con disposiciones legales. Sin embargo, se corre el riesgo de volver a las condiciones previas, incluso agravadas después de que el Estado intervino y reprimió actividades ilícitas.
Para los salvadoreños, el régimen de excepción, parte fundamental de la guerra contra las pandillas, se ha convertido en la más grande conquista de la sociedad. Por primera vez en la historia, los ciudadanos pueden afirmar, sin equivocarse ni exagerar, que viven en paz.
No se trata de una construcción social o de un discurso político. Los salvadoreños ahora verdaderamente viven en paz y sin ningún temor. No como cuando ARENA y el FMLN firmaron los «acuerdos de paz» en 1992 que, si bien significaron la suspensión de las hostilidades entre guerrilleros y el ejército, abrió las puertas a una vorágine de violencia y terror que se extendió por décadas y cobró más vidas que la guerra civil.
Gracias a la transformación impulsada por el Gobierno del presidente Bukele, los salvadoreños tienen garantizados sus derechos. Ahora en verdad hay libertad de movimiento y derecho a la propiedad, y el derecho a gozar del fruto del trabajo realizado se cumple completamente. Ya los mareros que extorsionaban desde el vendedor de pan hasta las empresas que distribuían sus mercaderías por todo el territorio nacional están encarcelados y pagando sus crímenes.
Los que se ponen del lado de los criminales y lamentan que sus derechos sean menguados son personas que no valoran que en las comunidades que antes eran dominadas por estructuras criminales ahora pasen la tarde con la puerta abierta, conversando con los vecinos. Ahora pueden llegar tarde a sus hogares sin el temor de ser asesinados, o salir de noche con total tranquilidad, como lo confirma la última encuesta de Gallup.
Los derechos humanos de la inmensa mayoría de los ciudadanos honrados y trabajadores están garantizados; y ese debe ser el objetivo de todo Gobierno.





