Las recientes críticas de Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y alta comisionada de las Naciones Unidas, contra la guerra a las pandillas que impulsa el Gobierno del presidente Nayib Bukele ilustra muy bien la hipocresía y la doble moral de la izquierda latinoamericana.
«La verdad es que ahí se han violado derechos humanos. No ha habido debido proceso, la gente está aglomerada en las cárceles con condiciones infrahumanas», aseguró la destacada integrante del Partido Socialista chileno durante un evento realizado en Guatemala.
La guerra contra las pandillas ha logrado que más de 80,000 integrantes y colaboradores de las maras vayan a prisión. No ha sido una «detención masiva y discriminada», como algunos activistas internacionales quieren hacer creer, sino que se ha hecho facultando a las autoridades con leyes y disposiciones legales que garantizan los procesos judiciales.
Gracias a ese trabajo combinado de Asamblea Legislativa, Órgano Judicial, ministerio público y fuerzas de seguridad (Policía Nacional Civil y Fuerza Armada), los salvadoreños han conquistado la verdadera paz. Los pandilleros ya no imponen el terrorismo en las comunidades. Se ha salvado la vida de millares de ciudadanos trabajadores y honrados, además de que el fruto de su trabajo se respeta y no se destina para pagar las extorsiones que imponían los criminales.
Por primera vez los salvadoreños están libres de circular por todo el país, de caminar con seguridad a cualquier hora del día y de la noche. En otras palabras, sus derechos humanos ahora sí se respetan.
Siendo presidenta de Chile, Bachelet hizo una visita oficial a El Salvador en agosto de 2015. Se reunió con el entonces presidente (y ahora prófugo de la justicia por actos de corrupción), el excomandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén. En ese mes el país sufrió 918 homicidios. En ese año fueron asesinados 6,656 salvadoreños.
Y, sin embargo, no hubo una sola crítica contra esa masacre de ciudadanos. Ni una palabra para lamentar esas vidas perdidas o para reclamarle a su colega izquierdista que hiciera algo para proteger al pueblo. Para Bachelet, el pueblo asesinado no contó. Ahora le preocupan los presos, es decir, los pandilleros cubiertos de tatuajes, homicidas, violadores, extorsionistas y criminales.
«Ahora critica a El Salvador, cuando somos el país más seguro del hemisferio occidental. Es interesante darse cuenta de que estos organismos de “derechos humanos” en realidad solo existen para defender los derechos de los criminales», consideró, con toda la razón, el presidente Bukele.






