Caminar por las veredas de Tejutepeque, en Cabañas, tiene su recompensa con las impresionantes cascadas de El Bañadero de los zopes, El salto de la tigra, Güiligüiste y la poza El cubo. Y para coronar la travesía, una extensa caminata hacia el cerro Los coyotes, que ofrece vistas espectaculares de la represa El Cerrón Grande, el volcán Chichontepec, el cerro de Las Pavas y hasta se logra divisar el volcán Ilamatepec de Santa Ana.
Tejutepeque, que proviene del náhuat y significa «cerro de las brasas» o «cerro de las tejas», está a 60 kilómetros de San Salvador y ha cobrado relevancia por sus rutas de senderismo, por caminos arcillosos y pedregosos, en medio de serranías y exuberante vegetación.
Para sumergirse en el Bañadero de los zopes y recibir torrentes de agua, desde una altura de 51.4 metros que suenan a latigazos en la espalda, se requiere caminar por un aproximado de una hora, cruzando gramales, alambrados de púas y pendientes bastante pronunciadas.
El Bañadero de los zopes es la más alta de las cascadas y de su nombre hay dos versiones conocidas: la primera por ser punto de encuentro de zopilotes que parecen jugar a lanzarse al agua, sobre todo en verano; y la otra se remonta a décadas pasadas cuando los trabajadores cansados de las faenas en las milpas, las maicilleras o los frijolares iban a limpiarse el sudor y la suciedad en las frescas aguas del riachuelo.
«De forma burlesca les decían zopes a los trabajadores, porque terminaban la jornada todos sucios y se iban a bañar a la quebrada», recuerda Víctor Martínez, quien pertenece al grupo Caminatas Turísticas en Tejutepeque.
La caminata
Para ir a este y otros destinos de Tejutepeque el turista puede llamar o escribir al 7206-4142 para coordinar el día y la hora con los integrantes de Caminatas Turísticas de Tejutepeque, quienes cobran el servicio de guías dependiendo de la cantidad de personas que llegan. Para esta aventura sugieren ropa cómoda, agua y zapatos resistentes a piedras y deslizones.
La experiencia es única por ser un territorio de venados, zorros, cangrejos, conejos, riachuelos por doquier y abundantes vestigios del conflicto armado de la década de los ochenta.
Durante el recorrido puede encontrarse algún tatú (que es una especie de cueva en la que se refugiaban algunos grupos guerrilleros), cráteres formados por bombazos militares y trincheras con piedras apiladas.
Subiendo y bajando por veredas se llega al Salto del Güiligüiste, con una caída de agua de 35 metros, formada por nacimientos que bajan de las serranías del distrito de Cinquera.
Otro rincón mágico lo constituye la cascada Salto de la Tigra, de 45 metros, y que toma su nombre del río que la alimenta. «Hay personas que cuentan que también le dicen así porque existió ahí una tigra real», explica Martínez.
Donde aúllan los coyotes
Subiendo por el caserío La Quesera, a una elevación máxima de 827 metros, está el imponente cerro de los Coyotes, que es un atractivo para quienes se identifican con el senderismo.

«Los atardeceres son impresionantes», explica el guía Manuel Martínez, al referirse al paisaje que se divisa desde esta belleza natural. Y por las noches, en sus experiencias de acampar en la zona, Martínez asegura que se escucha el aullido de coyotes, por lo que de eso puede derivar su nombre.
Los lugareños comparten que por las noches asustan en ese cerro. Cuentan que, durante la época de la guerra, un nativo de la zona subió al cerro y pisó un artefacto explosivo enterrado. La detonación lo dejó gravemente herido y en su agonía imploraba: «Récenme, récenme». Esta voz suplicante, aseguran, se sigue escuchando por las noches.
Referente de la gastronomía de tejutepequense
Para comer con estilo en un lugar lleno de historia y sabor, el mayor referente de Tejutepeque es el Restaurante Rancho La Rueda, fundado en el año 2000. Su nombre deriva de las ruedas de las carretas haladas por bueyes, que es un medio de transporte tradicionalmente utilizado para trasladar granos básicos, leña o personas.
«Tenemos una variedad de deliciosa comida de miércoles a domingo en horario de 11 de la mañana a 10 de la noche», indicó Fredy Arévalo, propietario del lugar. El negocio ofrece una diversidad de platillos donde se incluye la comida mexicana, mariscos y carnes.
Hay sopa de tortillas y hasta una pizza mexicana, jalapeños rellenos, churrascos a La Rueda.

Una delicia muy popular es el lechón o cerdo asado que es servido en el restaurante o es entregado a domicilio.
Además de la gastronomía, el sitio ofrece un mini museo con utensilios caseros antiguos y variados pertrechos de la guerra que recuerdan lo vivido en Tejutepeque. Piladeros, cántaros de lata, piedras de moler, azadones, casquillos de balas, fusiles viejos, cascos de ex guardias perforados por balas y hasta el aspa de un helicóptero derribado forman parte de la colección del propietario.
Entre las bebidas del restaurante ha cobrado popularidad el taravillazo, que es una mezcla alcohólica a base de chaparro con frutas.
Para información o solicitar servicios tienen habilitados los teléfonos 7096-5966 y 6981-5491.







