Naín Orantes, de 71 años, se ha convertido en un referente en el ambiente artístico en el departamento de Usulután. El artista nació en San Vicente, pero es usuluteco de corazón, ya que ha vivido desde los cinco años en el departamento, entregando su vida y sus enseñanzas al pueblo. Cuenta que desde joven sintió una profunda conexión con la pintura y ha encontrado en ella una forma de expresión y de sentido personal.
A los 11 años tuvo sus primeras experiencias en el arte, cuando sus compañeros le pedían que hiciera caricaturas a cambio de un pan con crema o frescos.
«Todos iniciamos con una gran pobreza, a veces me iba a la escuela sin desayunar, pero los compañeros me pedían que les dibujara algo a cambio de un pan con crema o un refresco de piña, con un dibujo de esos ya comía. Siento que parte del talento ya venía en mi sangre», expresa.
Sin embargo, antes de dedicarse por completo al dibujo y la pintura, se desempeñó en varios oficios como carpintero, hojalatero y ladrillero artesanal, y a todos les encontró un sentido artístico.
«Empecé de forma empírica y a los 23 años, tal vez, me inscribí con [la editorial] Parramón España; en ese tiempo te enviaban los libros y así estudié la teoría, por ellos tengo los conocimientos para hablar sobre arte», dice Orantes.
A lo largo de su carrera no solo ha desarrollado una obra artística propia documentando la vida cotidiana, la realidad social y la espiritualidad, sino también ha fundado y sostenido una escuela de arte que ya tiene entre 35 y 40 años de existencia.
En su escuela ha formado a niños, jóvenes y adultos, enseñándoles no solo la técnica para pintar, sino también valores como la paciencia, la observación y el amor por el arte. Muchos de sus exalumnos han seguido sus carreras artísticas o han encontrado en la pintura una herramienta terapéutica y transformadora.
«He visto cómo la pintura les cambia la vida. A veces llegan con miedo, inseguros, y luego terminan haciendo cosas que ni ellos creían posibles», comenta el artista.
«Me gusta la forma en que enseña, es una persona amable que no oculta sus talentos o conocimientos, él comparte con todos sus alumnos y eso me gustó. Me siento privilegiado por ser uno de sus estudiantes, y ya culminé el taller», dice Frank Chávez, uno de sus exalumnos, quien estuvo tres años en la escuela y lo visita ocasionalmente desde San Marcos Lempa.
Después de décadas de crear y enseñar, Naín Orantes sigue pintando y recibiendo nuevos alumnos los sábados en su escuela privada, porque no solo se ha convertido en un artista, sino también en un maestro, un guía y un amigo que busca dejar un legado en niños y adultos. «A esta edad sigo pintando porque todavía tengo cosas que decir y enseñar me llena, me mantiene vivo», afirma.






