Cual escenas en las películas de Ebenezer Scrooge y el Grinch, la oposición refunfuñaba mientras la población salvadoreña celebraba feliz las fiestas de Navidad y fin de año. Protestaba por los parques iluminados y se preguntaba por qué nos alegrábamos tanto, pues su alma oscura es incapaz de entender la razón de nuestra felicidad.
Aunque no me extrañaría que más de alguno de esos amargados haya llegado de incógnito al Centro Histórico queriendo contagiarse de tanta alegría.
De todas formas, no cabe duda de que la población y la oposición son dos polos diferentes, pues a la población le sobran motivos para celebrar, mientras que a ellos les sobran motivos para protestar; la población ama la luz y la alegría, mientras que ellos quisieran volver a los tiempos de tristeza y oscuridad. Son seres que aborrecen el brillo de las estrellas y la sonrisa de los niños.
Así como ellos se preguntan por qué nos alegramos tanto, también es válido cuestionarse sobre la razón de tanto odio en sus corazones. ¿Acaso no son salvadoreños para que prefieran ver a una población triste y encerrada en sus casas?
Probablemente tenía razón una opositora, en cuyos videos se nota la total amargura que anida en su interior, cuando dijo: «Yo quizás no soy de este planeta». Y es que hay que estar ciego o ser de otro planeta para no ver que estamos mucho mejor ahora que como estábamos antes, que la gente es ahora más libre y más feliz y que está dispuesta a cuidar esa libertad y esa felicidad; que este país se está transformando para bien; que ya no va en franco retroceso como cuando gobernaban los dos partidos antes mayoritarios y que ahora forman parte de esa pírrica oposición.
Es de mencionar también las desatinadas palabras del secretario general de uno de esos partidos que, aunque sus miembros se visten de rojo, de seguro no es el rojo de la Navidad. Pues resulta que ese impresentable dijo que no había ninguna novedad en que la población salvadoreña saliera a celebrar, porque incluso cuando existían las pandillas y la población era extorsionada y asesinada eso siempre se hacía. Al parecer no nota, no entiende o no es capaz de reconocer la diferencia que hay entre celebrar en medio de la violencia y el peligro latente en las calles versus la realidad actual en la que se celebra en paz y sin miedo de que algo nos pueda pasar.
No hay duda de que la oposición padece de una ceguera y miopía política e ideológica que no la deja ver más allá de un metro de distancia; por tanto, esperar que un día consiga siquiera vislumbrar el prometedor futuro que hay en el horizonte de este país es, definitivamente, un caso perdido.
Este será un año preelectoral, en el cual los opositores arreciarán sus ataques en contra de este proceso de transformación. Es aquí donde la población debe cerrar filas para proteger su valiosa conquista, que es la paz y la esperanza por un futuro mejor.
Deseo múltiples bendiciones y felicidad en este año y los venideros para todo El Salvador y los demás países del mundo.





