Las encuestas publicadas tras las elecciones legislativas celebradas ayer en Alemania confirmaron que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo un 19.5 % de votos, en el que sería su mejor resultado histórico, aunque los partidos tradicionales, dirigidos por la Unión Democristiana (CDU) tendrían el apoyo suficiente para formar un gobierno de coalición.
La CDU, que dirige Friedrich Merz, ha conseguido un 29 % de votos, sumado a los resultados de la Unión Social Cristiana (CSU) bávara, según la encuesta de la televisión alemana ARD.

En segunda posición se sitúa AfD, seguida del Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller saliente, Olaf Scholz, que obtuvo un 16 % de respaldo.
Los Verdes alcanzaron el 13.5 %, la izquierda el 8.5 %, el Partido Liberal Demócrata (FDP) el 4.9 % y la Alianza Sahra Wagenknecht un 4.7 %.
Tras emitir su voto, el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, llamó a unirse a los comicios.

El mandatario agradeció a la presidenta de la comisión electoral federal de Alemania, Ruth Brand, «el enorme esfuerzo» debido al escaso tiempo de preparación de los comicios, tras el colapso del Gobierno previo en diciembre pasado.
Más de 59 millones de alemanes estaban llamados a emitir el sufragio. Cada ciudadano tiene derecho a emitir dos votos, uno para un partido y otro para un candidato en su circunscripción, en virtud de un complejo sistema electoral.
Para lograr representación en el Bundestag, los partidos deben alcanzar al menos el 5 % de los votos en la segunda vuelta o ganar, como mínimo, tres escaños de los 299 distritos electorales.
Las elecciones se celebraron anticipadamente ante la caída del Gobierno de Scholz a raíz de la salida de la coalición del Partido Liberal.
Este nuevo Gobierno se enfrentará a la recesión económica, las amenazas de una guerra comercial con Washington, así como la puesta en duda del «paraguas» estadounidense con el que contaba Berlín para garantizar su seguridad.
Clima tenso
La formación antiinmigración y prorrusa impuso sus temas durante la campaña, que se desarrolló en un clima tenso, pautado por varios ataques mortales llevados a cabo en las últimas semanas por extranjeros en el país. El último se produjo el viernes. Un joven refugiado sirio es sospechoso de herir gravemente a un español en el Memorial del Holocausto, en Berlín.
También influyeron en las campañas los decretos y las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, y la injerencia de su entorno a favor de la extrema derecha.
El vicepresidente estadounidense J. D. Vance y el multimillonario Elon Musk, asesor de Trump, apoyaron a AfD, lo que aumentó la visibilidad del partido de extrema derecha.
«¡AfD!», volvió a publicar Musk el sábado por la noche en un mensaje acompañado de banderas alemanas.
Las elecciones anticipadas se celebran además en la víspera del tercer aniversario de la invasión rusa de Ucrania, vivida como un «shock» en Alemania. El conflicto puso fin al suministro de gas ruso y el país acogió a más de un millón de ucranianos.
Incertidumbre
Las distintas fuerzas políticas alemanas deberán ahora formar una coalición para gobernar, lo que podría tardar meses.
Para ello, el bloque conservador CDU/CSU, que excluyó la alianza con AfD pese a un acercamiento parlamentario durante la campaña en el tema migratorio, deberá dirigirse al Partido Socialdemócrata (SPD). «Espero que la formación del Gobierno esté terminada para Pascua», es decir, el 20 de abril, dijo Merz, horas antes de que se conocieran los primeros resultados de las masivas votaciones.







