El grueso de los que salieron a las agitadas calles forman parte de la Generación Z, la cara más visible de las protestas que reúne a jóvenes de entre 18 a 30 años.
Los mueve el descontento frente a las extorsiones y el sicariato, y la crisis política nacional.
Con la ya famosa anime One Piece como símbolo, exigen cambios estructurales que les garanticen un futuro digno tras ver pasar a siete presidentes en su país en la última década.
El emblema «lo adopta» Perú de las protestas juveniles en Asia y no forma parte de un movimiento mundial unificado, explica un estudiante a la AFP.
Todo funciona a través de redes sociales: organizan las movilizaciones, las reuniones y toman decisiones.
– Hospital o prisión –
Angelo Nael Genti, estudiante y manifestante de 19 años, enfrentó dos posibilidades: la cárcel o el hospital, donde terminó.
Desde Ventanilla, un barrio pobre de las afueras de Lima, cuenta a la AFP que salió con sus compañeros de la universidad pública a marchar pacíficamente.
Primero sintió el impacto de un perdigón en la pierna izquierda. Quiso escapar, pero cayó al suelo y unos siete policías, cuenta, lo embistieron a golpes y patadas.
Intentaron llevarlo preso, pero una paramédica insistió en llevarlo al hospital de urgencia.
«Me amenazaron», «me dijeron que si no me hubieran detenido seguramente me hubieran matado ahí mismo», cuenta mientras muestra los moretones en su brazo derecho. También tiene contusiones en la cabeza.
Sintió miedo. Y también lo siente cuando se oye «gritar» en los videos, virales en redes como muchos otros de las agresiones policiales de ese día.
Pero queremos «conservar esa idea de lucha para las siguientes generaciones», dice y asegura que no dejará de protestar.
Su familia lo acompaña y ayuda a moverse en casa por las heridas.
Su madre, Amanda Tapia, afirma que es su «héroe» por salir a luchar por los derechos de los peruanos junto a otros jóvenes.
Quiere terminar sus estudios en conservación de patrimonio cultural y, posiblemente, empezar a estudiar cine.
– «Continúen luchando» –
Rosalinda, egresada de Derecho de 26 años, también salió a manifestarse como parte del movimiento.
Cuenta que lo hizo para «expulsar a los criminales del poder» y «luchar contra la injusticia», necesidad que siente desde niña.
De un sector pobre limeño e hija de una vendedora ambulante, le ha tocado trabajar y estudiar para sobrevivir.
El Estado «buscaba aislarnos de los movimientos sociales», señala a la AFP.
«Pero eso ya no es así. El pueblo ha despertado», agrega desde un café cercano al centro de los jóvenes arrestados, a los que dio acompañamiento.







