Un regalo inesperado para los visitantes de la reserva de Gir, en el estado occidental indio de Gujarat. Tras unas cuantas fotos, sus vehículos todoterreno se alejan. Cae la noche y la visitante vespertina no ha movido una pata.
En Gir, los leones asiáticos se sienten como en casa. Los 1.900 km2 de sabana y bosque del parque constituyen su último refugio natural en el mundo.
Se trata de un santuario construido pacientemente tras años de esfuerzos por parte de las autoridades locales, y sigue expandiéndose, hasta el punto de alimentar algunos temores sobre el futuro de la convivencia entre los felinos y los humanos.
El director de la reserva, Ramratan Nala, se alegra por el rápido crecimiento demográfico de sus leones.
«Su número pasó de 627 a 891, lo que supone un aumento de un tercio», afirma mostrando los resultados del último censo quinquenal publicado en mayo.
«Es un gran éxito para la preservación de la especie, no se ve esto en ningún otro lugar», agrega con orgullo el jefe de los bosques del distrito de Junagadh.
Llegados a la India desde África a través de Oriente Medio, los leones asiáticos han recorrido un largo camino. A principios del siglo XX, solo quedaban unos veinte ejemplares.
«Nuestros leones» –
«Resurgieron tras haber rozado la extinción», víctimas de «la caza, la falta de presas y la reducción de su hábitat natural», señala la bióloga Meena Venkatraman. «Pero hoy en día, su población está aumentando».
En 2008 incluso salieron de la lista de especies en peligro de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Para explicar su renacimiento, Nala enumera la larga lista de medidas de protección adoptadas por las autoridades locales desde que un príncipe de Gujarat decidió, en los albores de la India en 1947, salvar a «sus» leones.
Barandillas alrededor de los pozos, carreteras y vías ferroviarias seguras, vegetación y pueblos protegidos… Las autoridades no escatimaron en gastos.
«Si se les da espacio, protección y presas, a los leones les suele ir bastante bien», resume Andrew Loveridge, de la ONG Panthera, dedicada a la protección de los felinos salvajes.
A diferencia de sus primos africanos, los leones asiáticos no son víctimas de la caza furtiva. No se ha registrado ningún caso en Gir desde hace más de diez años, asegura Nala. «Aquí, la población participa en la protección».
«Son nuestros leones», añade uno de sus adjuntos, Prashant Tomas. «Tienen una importancia religiosa (…) y económica, ya que atraen a los turistas».
«Los conflictos con los humanos son limitados», afirma Loveridge.
¿Pero por cuánto tiempo? Hoy en día, los leones se aventuran con más frecuencia fuera del parque, en una zona de 30.000 km2 según el último censo.







