Julio Francisco Rodríguez Palacios, conocido en el ámbito artístico como payasito Julay, encontró en el arte de hacer reír a chicos y grandes una oportunidad para salir adelante a nivel personal y familiar, lo que le ha valido el reconocimiento en San Vicente, esto, por su carisma y crecimiento en esta área del entretenimiento.
A sus 29 años, también es graduado de la universidad, pero asegura que hasta el momento sus actividades no le dan tiempo para optar por un trabajo formal y se ha decidido únicamente a su labor humorística que incluso abarca fuera de su departamento.
«Amo mi vida como payaso, creo que es una de las mayores bendiciones después de mi familia. Yo también soy licenciado en Trabajo Social, pero estoy dedicado a la payasada, a todo lo que hago, porque desde que me levanto estoy viendo qué voy a hacer», expresa.
INICIOS
Confiesa que hace 10 años, cuando surgió la idea, le parecía que no era algo para él, pues inicialmente comenzó estudiando ingeniería mecánica y era de pasar de un extremo al otro; sin embargo, hubo personas que lo animaron y todo comenzó con subir una foto «en broma» vestido de payaso luego de un evento del hijo de un vecino, donde colocaba su número para contrataciones.
«A los 20 minutos me cae la primera llamada de una señora saludando y diciéndome que si soy payaso, que su hijo iba a cumplir años, y yo le dije que no, que yo no era payaso, y me preguntó cuánto cobraba y yo le dije que $25 para que ya no me insistiera, pero ella dijo que sí inmediatamente», contó sobre sus primeras experiencias.
Añadió que esa vez, caracterizado como el payaso Julito, estaba nervioso, incluso en algún momento le dijo a la señora que no podría, pero ella lo animó de esta manera: «Hágale frente».
«Como todo lo que hago lo hago en el nombre de Dios y confío, le pedí a ella que esperara y me puse a orar, y de repente sentí que Dios me confirmó el don de payaso, y así fue como hace 10 años comenzó la payasada», narró el artista.
Expresó que siempre le ha gustado el área de los niños, «porque ellos valen la pena, son la motivación», y recuerda que cuando eran las fiestas del barrio donde vivía, en Apastepeque, siempre participaba en entregar juguetes. Comenta que esa vez se maquilló con los cosméticos de su mamá.
Actualmente anima todo tipo de eventos, desde infantiles hasta celebración de fiestas de adultos, baby shower, eventos en fiestas patronales dedicadas a la niñez, entre otros.

La payasada, como él le llama también, le ha llevado a crear El Patrón, que es un ranchero, y El Oso, este último un traje de oso que mandó a traer al extranjero y que considera llamativo. Con ambos personajes entrega flores, regalos y otros detalles que sus clientes quieran hacer o sorprender a sus seres queridos en fechas especiales.
Destaca que su esposa también tiene un emprendimiento de chocobananos y que en muchas ocasiones van juntos a los eventos.
«Estamos dedicados a esto, todo por nuestra hija que es el mayor motorcito, dedicados a hacer lo mejor, remando juntos», dice, contando también que tiene el apoyo de sus padres y hermana, aunque su mamá en un primer instante no estaba de acuerdo.
Su trabajo es admirado por varios vicentinos, quienes creen que Julio es un joven que ha demostrado que es un ejemplo de perseverancia.
«Este muchacho es un buen payaso, ha crecido en lo que hace, la gente lo aprecia y si va a estar el payasito Julay todos quieren ir», expresó Karina Hernández, quien llegó con sus dos hijos a un espectáculo que ofreció hace unos días. Julio expuso que si bien sus ingresos dependen del trabajo que hace con sus personajes, su labor por llevar una sonrisa en medio del estrés, a veces de tristeza o del vaivén de la vida, le encanta.
«Lo que más disfruto de mi trabajo es ver la felicidad no solo de los niños, sino de toda la gente. Más que el dinero es el amor a lo que haces», sostiene el joven vicentino, quien también comentó que durante la pandemia de la COVID-19 comprendió que su labor puede ayudar a los demás.
«En la pandemia, cuando yo hacía videos en vivo, creo que todos sufrimos bastante, ya sea porque alguien murió o teníamos un familiar enfermo, las noticias todas eran de la pandemia, y una vez luego de un video que hice una señora que trabajaba en un hospital me escribió y me dijo sobre todo lo que veía y que se sentía estresada, que no hallaba qué hacer en su vida, y me agradeció porque al ver el video ella se motivó y le había sacado una sonrisa, dijo que olvidó los problemas unos minutos, que me agradecía», y añadió que esas palabras han sido parte de lo que confirma que su trabajo como humorista contribuye a la persona, indica.







