El control territorial de las pandillas era total. Había lugares en donde los cuerpos de seguridad no entraban. Comunidades en las que los distribuidores de bebidas, churritos, agua embotellada, lácteos, entre otros, pedían permiso para abastecer de sus productos a las tiendas, no sin antes pagar «la renta».
Tiendas asediadas por la extorsión a diario o semanal, so pena de muerte. Los propietarios tenían prohibido cerrar sus negocios. Los dueños de unidades de transporte público no podían entrar a cualquier colonia si antes habían ingresado a un territorio dominado por otra pandilla. En varios lugares, las mujeres no tenían permiso para pintarse el cabello de rubio. Jugadores no podían usar ni el 18 ni el 13.
Hasta usar camisas polo con el número tres era riesgoso. Esas acciones ejecutadas por los grupos criminales, entre otras, eran parte de un verdadero régimen criminal que mantuvo sometido a los más de 6 millones de salvadoreños en todo el país. Fueron 30 años de esclavitud, de restricciones, de no tener libertad de movilidad, de no poder visitar familiares que vivían en lugares dominados por pandillas enemigas.
Muchos sitios turísticos dejaron de ser visitados por nacionales y extranjeros por temor a perder la vida en manos de las maras y pandillas. Algunos turicentros cerraron. Los salvadoreños residentes en el exterior, en su mayoría, dejaron de venir al país. Algunos que se atrevieron fueron víctimas del régimen criminal que imperó desde la firma de los mal llamados «acuerdos de paz» hasta el 1.º de junio de 2019.
Un verdadero régimen de caos, de luto, sostenido por ARENA y FMLN. Gobiernos que montaron carpas de circo con sus «planes de seguridad», dejando en abandono total a las mismas instituciones de seguridad. La sangre esparcida en las calles y aceras aún grita las muertes violentas de muchos salvadoreños.
A más de 200,000 ciudadanos les arrebataron la vida, entre profesionales, estudiantes, trabajadores, amas de casa, abuelos, padres, hijos. Sueños truncados, niñas violadas o sometidas al designio de los cabecillas de maras y pandillas.
La historia nos muestra a 500 estudiantes asesinados, aproximadamente, por maras y pandillas entre 2010 y principios de 2019. Más de 300 miembros de la PNC y la Fuerza Armada les fue arrebatada la vida violentamente por estos criminales entre 2011 y 2016.
Familias enteras asisten año con año a colocar flores en las tumbas de sus seres queridos. Verdaderas historias de héroes. Esa era la «democracia» de los burros, el sistema maldito sostenido por millonarios empedernidos que usaron al país como su hacienda. Quienes pagaban a sus mozos escribientes, bestias con pluma y micrófono que normalizaron toda la violencia, los asesinatos, los secuestros, las desapariciones, las violaciones, mientras pintaban un país ilusorio.
Muchos de estos llamados «periodistas de investigación» ahora se retuercen como conchas con limón al ver que ese sistema asesino y corrupto no volverá. Tan acostumbrados estaban a meter las manos por los fabricantes de esa «democracia» que no les importaba el dolor de toda una nación.
También recibían dinero de mafias, narcos y exfuncionarios corruptos que usaban de fuentes para escribir libros. Perder la comodidad con la que vivían, junto con sus aliados de ONG corruptas y políticos rastreros y cobardes, los ha unido para tratar de hacer caer al presidente que el pueblo ha puesto en la silla de gobierno, y que no está dispuesto a perderlo. Más de 2.7 millones lo reeligieron.
Les duele ver el éxito en favor de la sociedad que Nayib Bukele ha obtenido desde junio de 2019. Les causa rabia entender la visión de un verdadero líder, que sabe mover el tablero de ajedrez en beneficio de las familias salvadoreñas. Lloran a los corruptos de ARENA y FMLN, y pelean por resucitarlos.
No han entendido que son los salvadoreños los que los minimizaron o les dieron sepultura. Todos esos «plumíferos» comían de la misma mesa de las ONG y funcionarios corruptos, establecida como Consejo de Seguridad. Pan y circo. Sendos titulares ocupaban las portadas de los panfletos para vender reuniones insípidas de los «funcionarios de seguridad» y funcionarios de segundo grado, con religiosos amantes del dinero, leguleyos y cabecillas de ONG.
El café y el postre en las instalaciones de Casa Presidencial eran suficientes para hacer caso omiso de los miles de muertes de personas honradas y trabajadoras. Lo único que importaba era que los cabecillas de la MS y la 18 estuvieran bien, con dinero en sus bolsillos, para luego pedirles ayuda para conseguir votos en cada elección. Videos, audios, testimonios son pruebas contundentes de la participación de políticos que eran abrazados por medios de comunicación, fundaciones y ONG.
Son a esos mismos que ahora defienden con sus escritos, a quienes llaman «supuestos negociadores con pandillas». El pueblo no les cree, por más inventos de informes y cifras que publiquen o presenten en organismos internacionales que protegen a criminales y no a los ciudadanos honestos.
¿Qué es El Salvador ahora de la mano del presidente Bukele? Veamos. El Salvador contabiliza 1,000 días sin homicidios en seis años del presidente Bukele. ¿Poco? En 30 años de gobiernos de ARENA y FMLN apenas se tuvieron dos días sin muertes violentas. Les molesta el comparativo, sin duda. La tasa de homicidios llegó a 106.3 por cada 100,000 habitantes en los gobiernos del FMLN.
En 2024, la tasa de homicidios fue de 1.9, y para 2025 será mucho más baja. Les duele, lo sé. Vivimos en el país más seguro del hemisferio occidental. Los salvadoreños debemos sentirnos muy orgullosos del país que tenemos ahora, que se está construyendo sobre la base de la seguridad y avanza en el camino de las inversiones que generan empleos.
Contar con todos los espacios seguros, en cualquier parte del territorio nacional es vital para la sana convivencia, para hacer turismo, para las inversiones nacionales y extranjeras. Deberían entender todos los plumíferos que hoy viven «incómodos» y «autoexiliados», los cabecillas de ONG y sus leguleyos, que también graciosamente siguen el mismo guion, y los religiosos mercaderes que El Salvador no volverá al régimen de sangre ni de control territorial de asesinos.
Van a vivir sumando días sin homicidios, que en lugar de darles sueños les seguirán causando pesadillas. El pedestal de la ilusión de los cobardes fue destruido por todo un pueblo. El Salvador no va a retroceder.





