Primero debemos preguntarnos ¿quién tiene el control de lo que hacemos? Es una pregunta sencilla, pero la respuesta nos puede sorprender.
Todas las actividades que realizamos, las decisiones que tomamos y las creencias que tenemos obedecen a una parte de nuestro cerebro muy profunda, a la cual denominamos inconsciente.
Ahora, el inconsciente puede acceder a muchos comportamientos y emociones en un mundo incluso totalmente desconocido para nosotros, cosas que hacemos, palabras que utilizamos sin que nos demos cuenta hasta que reaccionamos después de que ha pasado el huracán.
Un líder bien capacitado en los modelos de conducta, cuadrantes de personalidad y niveles neurológicos de la programación neurolingüística reconoce de forma inmediata las herramientas innatas de un colaborador aun sin que la propia persona las reconozca por sí misma, ya que actúa de forma inconsciente, pero el líder tiene las herramientas y está entrenado para reconocer el potencial de su gente.
Para conocer mejor nuestro inconsciente, y mejor aún domarlo para que este no tome decisiones emotivas, apresuradas y acaloradas, debemos saber programar mejor nuestra neurología, en pocas palabras, nuestra forma de actuar.
Comencemos con pequeños procesos conscientes para que estos se vuelvan involuntarios y queden grabados en nuestro ser. La metodología mejor recomendada es por medio de la repetición. La repetición constante al utilizar una palabra, hacer una actividad diaria, nos hará luego repetir esa acción de forma automática. Parece demasiado sencillo, ¿cierto?, pero no hemos considerado un factor muy importante, y este es la emoción que acompaña la repetición; por eso este cambio parece muy difícil para muchos al inicio y deciden persistir en sus cambios o hábitos. Y ese es el poder del inconsciente que está muy arraigado emocionalmente a estos hábitos y comportamientos automáticos.
Si yo necesito ser un buen líder, por arriba de los cursos de programas básicos que se dan en diferentes instituciones debo saber manejar y controlar la mayor parte de mi inconsciente, no basta con tener un conocimiento racional de las cosas, porque si deseamos generar cambios en los colaboradores primero debemos hacer cambios en nosotros mismos, haciendo más activa nuestra parte racional que nuestra parte inconsciente en los procesos, palabras, pensamientos, emociones y toma de decisiones.
La metodología H.O.D de nuestro centro de formación para el área de liderazgo hace que podamos tener mayor capacidad de control de nuestras emociones por medio de la «high operation development», que consiste en mejorar los procesos de la neurología en la toma de decisiones y el control químico de las emociones por medio de los microprocesos internos del pensamiento.
El inconsciente tiene mucho poder, y podemos decir que tiene en su poder casi el mayor control de la población mundial que es influenciada por las redes sociales y los medios de comunicación.
Ser líderes con conocimiento en las neurociencias, la programación neurolingüística, nos ayuda más a acceder mejor a los procesos del pensamiento de nuestros colaboradores y poder guiarlos a procesos más productivos para el control de sus emociones, estimulando más a su inconsciente de forma óptima para el desarrollo de sus funciones en la empresa.
En nuestro caso personal saber elegir con qué nos alimentamos mentalmente nos hará marcar la diferencia con personas que deciden consumir toda la información indiscriminada que nos tiran las redes sociales sin filtrar o corroborar si la información es real o no, y ese puede ser nuestro primer y gran paso consciente.






