La de Cuba bien podría parodiarse como la soledad del corredor de fondo, debido al criminal bloqueo económico, cultural y diplomático que le fue impuesto por Estados Unidos (EUA) como represalia por atreverse a pensar y actuar con voz propia en el concierto de naciones en una época en la que todo el hemisferio occidental se consideró (y aún sigue considerándose) área prioritaria de interés estratégico de la seguridad nacional de EUA.
Fue el último país americano en independizarse de España. Terminada esa guerra en 1898, la isla sería convertida en neocolonia de Estados Unidos, imponiendo a Leonard Wood, médico y militar estadounidense, como su gobernador de 1898 a 1901. La Enmienda Platt (nombre derivado del senador Orville Platt), firmada el 20 de abril de 1898, impuso a Cuba humillantes términos preferenciales de la relación entre ambos países; una de sus aberrantes cláusulas era el derecho de intervención militar que conservaba EUA cuando sus intereses se encontrasen «en peligro» y la imposición de la base naval de la bahía de Guantánamo. Tuvo vigencia hasta 1934, iniciándose luego entre los dos países la política del buen vecino, con un tratado que derogaba la cláusula que permitía el derecho de intervención de EUA, pero ratificaba su permanencia en
la base de Guantánamo.
El 1.o de enero de 1959, la entrada de los barbudos guerrilleros de la Sierra Maestra a La Habana, liderados por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio, marcó la total inde- pendencia de EUA, un antes y un después en las luchas revolucionarias latinoamericanas.
El triunfo del Ejército Rebelde contra la tiranía de Fulgencio Batista no pasó desapercibido en Latinoamérica y en el llamado tercer mundo, pues fue el núcleo revolucionario del que se nutrieron los movimientos de liberación nacional que se dieron en el planeta y que culminaron con una serie de procesos revolucionarios sucedidos en el continente, desde el triunfo de la revolución sandinista en 1979 hasta los procesos revolucionarios parlamentarios que han culminado con la instauración, durante la segunda década del siglo XXI, de gobiernos progresistas en México, Bolivia, Argentina, Venezuela, Chile, Colombia o Brasil.
A escala mundial, desde los años sesenta del siglo XX, la revolución cubana estuvo en la línea de fuego y en primer puesto de combate junto a los movimientos de liberación antiimperialistas contra el colonialismo y el saqueo de las metrópolis coloniales a los países de África, Asia y Latinoamérica, en lugares como Angola, Etiopía, Guinea, Zambia, Congo, Mozambique, Sudáfrica, Namibia, Palestina, Zimbabue, Vietnam, Laos, Argelia, Cabo Verde, entre otros.
El ínterin que significó la entrada de Cuba en la comunidad de países socialistas y que llegó hasta la implosión del bloque socialista a partir de 1989, con la caída del Muro de Berlín, dejó frutos de incalculable valor en Cuba, entre otros, la formación de una sociedad altamente desarrollada en todos los campos del saber científico, especialmente en la medicina, la educación, la biotecnología, la investigación nuclear. También cabe destacar su impactante desarrollo en todos los ámbitos de los deportes. De estos logros se ha beneficiado literalmente medio mundo, pues las misiones internacionalistas de médicos y maestros cubanos han llegado, desde los primeros años de la revolución, a casi todos los países del llamado tercer mundo.
Este rol protagónico de solidaridad e in- dependencia le ha valido a Cuba ser víctima de una campaña de difamación y calumnia por parte de las políticas agresivas de 13 administraciones estadounidenses a lo largo de los últimos 64 años de revolución y de una heroica resistencia única en el planeta y en la historia de la humanidad.





