El poder político tiene un precio, tanto para el gobernante como para la sociedad. Este fenómeno complejo puede ser analizado desde lo posible como medio para lograr fines específicos de orden estratégico. Comprender cómo se adquiere, ejerce y mantiene el poder es fundamental para analizar el rol del gobernante; y de igual forma, el estudio de las instituciones políticas y los sistemas de gobierno, que ayudan a entender las posibilidades del poder político.
Según la forma de relación con los gobernados y la sociedad en su conjunto es que se van acumulando los espacios de poder, que por muy pequeño que este sea hay que ocuparlo y tratar de ampliarlo.
Grandes reveses reciben los actores políticos que en su momento por la misma magia del poder empieza a sentirse y va creciendo de parte del poder. El precio del poder político se mide en términos de eficacia y supervivencia, entendiendo el poder como una fuerza dinámica y cambiante, sujeta a las circunstancias; y el gobernante debe ser capaz de adaptarse a esas fluctuaciones. La confianza es un lujo peligroso, y el gobernante debe aprender a desconfiar incluso de sus aliados más cercanos.
El poder no pertenece a nadie, y por eso exige que nadie se confunda con él; hay fenómenos duros e insustituibles, porque los cargos pasan, las firmas estampadas en documentos de diferentes categorías e importancia se borran, los nombres de los funcionarios se sustituyen por otros que siempre están a la expectativa para poder entrar en los entresijos del poder. El poder no promete ascensos ni redenciones, lo único que permanece es la lectura del momento, porque toda decisión política libra una factura de cobro, y el contenido de esa factura tiene un valor especifico, que es la relación de causalidad con el ejercicio del poder. El precio del poder está fijado y decidido, y va en relación directa con los costos acumulados.
Todo interés tiene un precio, pero los derechos se declaran y los intereses se negocian tomando en consideración que las leyes solo son promesas, que no se sabe si se van a cumplir o no, puesto que centran su aplicación dentro de un sistema en el cual la interpretación de la ley se sustenta en los criterios de los aplicadores de la misma; por lo contrario, los intereses son acuerdos y entendimientos que surgen de las negociaciones estratégicas para transformar o crear conflictos de cualquier naturaleza en el juego de alianzas y compromisos.
Para algunos políticos el precio más alto que pagan es el de su consciencia, y otros están dispuestos a pagar para obtener los privilegios del poder político, que varían según sus valores, ambiciones y circunstancias. Dicho lo anterior, vemos que el poder político es un instrumento de acumulación y de protección, pero en algunas circunstancias el valor económico es tan alto que no se puede exigir ni cumplir.
El gobernante es la figura central en la interacción de la política y del poder político, puesto que es el responsable de ejercerlo en nombre de la sociedad, lo cual implica tomar decisiones cruciales, administrar recursos, representar al Estado y garantizar el bienestar de los ciudadanos. A su vez, el poder político influye en la política determinando quién participa en la toma de decisiones, de tal manera que la política, el poder político y el gobernante son elementos esenciales para la organización y el funcionamiento de la sociedad.
Gobernar no es fácil; gobernar es ser prudente, vivir en la realidad del día a día en el que el Estado es una forma jurídica e institucional y el poder es una relación viva, mutable y estratégica en la cual el poder político debe de ejercerse de manera: 1. comprensible, 2. aceptable, 3. inevitable.
El ciudadano escucha la promesa y el poder sabe que es solo la oferta pública del Estado, las sobras del poder siempre se cobran y la figura de la prescripción no tiene aplicación en el poder político. Esa brecha es el verdadero espacio del poder donde los intereses se tejen y no hablan, solo actúan.






