El presidente Sánchez Hernández acusó al general Medrano del secuestro y asesinato de Ernesto Regalado Dueñas (eso consta en la declaración judicial de Medrano). Medrano, a su vez, culpó del hecho a Sánchez Hernández (eso consta en una entrevista que concedió a Jorge Pinto en 1972). Ambos estaban equivocados.
Pero es difícil creer que se tratara de meras confusiones. Sánchez Hernández tenía en sus manos toda la información de la inteligencia del Estado. Medrano había sido durante muchos años, y hasta hacía unas semanas, el centro y motor de los servicios secretos. Y ninguno de los dos era ingenuo y mucho menos tonto.
Que ambos generales mintieron es un hecho; el punto es saber por qué. Muchos de los que estuvieron cerca de aquellos sucesos han hablado sobre el asunto sin aclarar lo sustantivo. Las hipótesis vertidas son muy distintas y hasta diametralmente opuestas, verosímiles la mayoría, pero insostenibles todas a la luz de los hechos posteriores.
En su condición de influyente periodista, Jorge Pinto llegó a conclusiones que sintetizaban la creencia de la «vox populi». En su libro, «El grito del más pequeño», condensó sus convicciones. Según Pinto, cuando Sánchez Hernández designó como su sucesor al coronel Molina provocó el enojo de los millonarios que preferían la mano de hierro del general Medrano.
Dice Pinto: «Entre Ernesto Regalado Dueñas y Medrano existía una relación golpista. Medrano quería hacer presidente a Regalado Dueñas. Medrano poseía documentos probatorios de que el Gobierno había robado $25 millones [valor de unos aviones que se comprarían para la guerra con Honduras]. Era el dinero recaudado entre los millonarios para apoyar al ejército. Regalado Dueñas había sido el tesorero de esos fondos».
Convencido de la veracidad de lo anterior, Pinto negó siempre que el autor del secuestro y asesinato fuera un grupo de universitarios. En su lugar, responsabilizó públicamente al Gobierno de Sánchez Hernández, y lo acusó además de que para ello había creado una falsa guerrilla revolucionaria.
Pero Pinto estaba equivocado al menos en una de sus afirmaciones. Quien secuestró y mató a Ernesto Regalado Dueñas fue en efecto el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), comandado por Alejandro Rivas Mira y Lil Milagro Ramírez. Nada indica que el ERP haya tenido relación directa con Sánchez Hernández o con Medrano, aunque sí es seguro que la tuvo con otros militares.
uro que la tuvo con otros militares. En su «Crónica entre los espejos», Fermán Cienfuegos revela que el primer instructor militar del ERP fue un oficial del ejército. No dice el nombre, ahora se sabe que se trata del mayor Pedro Antonio Guardado.
Después de sortear una fase de repliegue y desbandada, y de resistir la persecución policial, lo que quedó del ERP logró reorganizarse y creció hasta llegar a convertirse en la poderosa guerrilla. Y fue el ERP el que en sus documentos oficiales reconoció la autoría del secuestro y asesinato de Ernesto Regalado Dueñas. Aunque fuera de ese reconocimiento puntual y escueto, no dio nunca mayores explicaciones.
Entre fines de 1974 y principios de 1975 el ERP secuestró al cafetalero David Escobar Vides (padre del poeta David Escobar Galindo) y al industrial Francisco de Sola. En ambos casos se pagaron los rescates y las víctimas fueron liberadas.
Al recordar esos hechos en un artículo publicado en «La Prensa Gráfica» el 20 de mayo de 2006, David Escobar Galindo relata algo muy revelador: «Francisco de Sola me preguntó: ¿Usted cree que en realidad se trata de un grupo guerrillero? Le respondí que no me cabía duda. Él me miró con cierta conmiseración por mi inocencia, y me dijo: No, David, son militares, yo pude reconocer a uno de ellos».
«Muchos querían ignorar las primeras señales de un nuevo momento en el accidentado proceso de nuestra vida política, el surgimiento de un enemigo desconocido, y por eso circulaban, sobre todo en los corrillos del poder económico, que esas acciones provenían de grupos militares disidentes. Esta negación era tranquilizadora, implicaba que el enemigo, aunque peligroso, es de los nuestros».
(Fragmento de mi libro «Héroes bajo sospecha»).







