Siempre me he esforzado por promover el libro y la lectura. Hay que agregar la comercialización: el libro debe estar en la librería; y recomendar la lectura como estimulación de la inteligencia. Además de elemento para la sanidad mental, como lo es el gimnasio para lo físico.
Mi experiencia repara en elementos que enriquecen las emociones constructivas (la poesía), personajes que enseñan (la narrativa), como agentes atractivos de mejoría humana. Quien escribe obra literaria hace del libro un espejo para mirar sus interioridades e incitar estados de placidez y disfrute. Cada libro da más vida al escritor cuando se proyecta a lectores de varias generaciones. Después de 550 años, Cervantes vive en Don Quijote de la Mancha y comparte su vida con quien lo lee.
No conoceríamos a Alfredo Espino si sus padres no hubieran publicado «post mortem» los poemas que nos heredó el poeta suicida. Ahora sobrevive en su obra «Jícaras tristes», como su familia tituló el libro. Muchos conocen «Veinte poemas de amor» de Pablo Neruda.
En el caso de Espino, el poeta se emocionó ante un paisaje y el lector reconstruye su propia emoción.
En la narrativa (cuento y novela) el gran atractivo puede ser el personaje o su forma de descubrir desde lo real lo irreal imaginado. Al leer, los personajes nos emocionan hasta hacerlos nuestros, aun los misterios de Stephen King, o las intrigas de Agatha Christie.
Me estimulé a escribir novela al implicarme con los personajes: la Maga de Julio Cortázar, un elemento para insertar lo poético en la novela; por Raskolnikov conocí a los 15 años la ciudad de San Petersburgo; y por Dimitri Karamazov conocí la cultura eslava oriental, personajes de dos obras diferentes, deslumbrantes en la novela de Dostoyevski. Por «Tom Sawyer» de Mark Twain conocí la riqueza de la niñez rural-urbana a orillas del Misisipi: primera novela clásica que leí en mi educación primaria (antes leí de piratas y de detectives); Hans Castorp, en «La montaña mágica» de Thomas Mann, y Juan Valjean, en «Los miserables» del escritor y político Víctor Hugo, me mostraron el manejo de los personajes reales y vivencias estimulantes por superar las miserias.
Casi todas esas obras las conocí por mi madre y otra mujer cuyos argumentos iluminaban no solo mi mente sino las habitaciones tristes por carecer de luz suficiente. Hasta que llegó a San Miguel la primera Feria del Libro. Mi madre me dio dinero para comprarlos; iba a conocer los personajes contados por ella. Y agregué en mis compras de libros a otro personaje increíble: Sherezada, inventora de cuentos para no morir; con ella conocí a fondo lo que me contaban de niño: Alí Baba, Aladino, Simbad el Marino y Harun al-Rashid, o el Califa de Bagdad.
Estas experiencias me muestran los efectos para la lectura si se inicia desde la niñez. Porque leer enriquece más allá de lo que perciben los cinco sentidos tradicionales. Un plus relacionado con valores conductuales frente a los otros, como es la inteligencia emocional que redunda en desarrollo constructivo, en la educación, en procesos económicos; además, para el entendimiento global es básico para la sobrevivencia del planeta.
Para la lectura no importan los formatos: en papel, en digital, audiolibros, o la voz adulta leyendo al niño. Es efecto para la memoria, la creatividad, la innovación y los emprendimientos.
Dar a conocer realidades al niño que cultivan conductas que despiertan emociones gratas, como lo hace toda obra artística que repercute en nuestros modos de ser. La escuela debe valorar la importancia de la lectura desde temprana edad. Es un proceso formativo para conocernos mejor y así adentrarnos con seguridad a las nuevas edades.
Nada de pensar que tenemos un «amigo-enemigo» en la tecnología, y menos en la inteligencia artificial. Al contrario, es una realidad que exige enmendar el proceso educativo.
El filósofo húngaro Georg Lukács estudió el papel de lo somático total para percibir realidades importantes: las emociones. Y podemos resumir que con la lectura literaria abonamos al cultivo de ese tipo de inteligencia: la emocional que interpreta amor, fraternidad, empatía, honradez, invención, sensibilidad ante la aventura de un desarrollo en lo que seamos sujetos participativos.





