De niña soñaba con tocar las estrellas y conquistar el universo y sus misterios. De joven comprendió que el camino hacia el espacio exterior estaría lleno de obstáculos, pero, ahora, tiene claro que cada una de las luchas y batallas que tuvo que librar para conquistar sus sueños y anhelos ha valido la pena.
Teti Gómez es una salvadoreña que se graduó como ingeniera aeroespacial en Estados Unidos. Es piloto y, a lo largo de su vida, ha trabajado junto a las fuerzas aéreas de países como Alemania, Suecia y Holanda, además de liderar proyectos para la NASA y convertirse en una de las mujeres más influyentes en el mundo de la ingeniería aeroespacial.
Teti también ha sobrevivido a situaciones difíciles, como un accidente aéreo en 2001, en Costa Rica, del que salió milagrosamente con vida. Todas estas historias son las que también cuenta en su libro «Sin Límites», en el cual narra su historia con el único objetivo de motivar a los jóvenes salvadoreños a luchar por conquistar sus sueños, así como ella, una salvadoreña como todos, pudo hacerlo. Esta es parte de su historia.

¿Quién es Teti Gómez?
Soy una salvadoreña con muchos sueños, una niña que tuvo la bendición de haber nacido en una familia con padres con mucha visión y cariño, eso definió el transcurso de mi vida y de mi niñez. Ahora, soy una mujer que no tiene límites, que vive agradecida de todos los dones y talentos que Dios nos da. Soy una mujer soñadora, empoderada y una profesional que está feliz de representar a nuestro país.
¿Cómo nació tu camino por la ingeniería aeroespacial y la aviación?
Recuerdo que, desde pequeña, siempre imaginé el espacio, admiraba todo lo que tenía que ver con el universo y es algo que, pienso, es parte de mí, que desde que tengo consciencia ha sido parte mi vida. Cuando le expresé ese deseo a mis papás, ellos reaccionaron positivamente. Mis padres me han contado que, una vez, pasaron un documental del Apolo 11 en la TV y, al ver los astronautas, yo me levanté y les dije que quería ser astronauta. Ellos siempre me dijeron que podía ser eso y más y eso me dio confianza.
Llegué a bachillerato, en mi adolescencia, y seguía con la misma idea de volar y tocar las estrellas. A mis 15 años vi que en El Salvador los recursos son menos que en otros países y, tras un cuestionamiento interno, me di cuenta de que, si no podía ser astronauta, podía ser piloto. Así fue como, después de graduarme de bachillerato, comencé a volar a mis 17 años.

¿Qué dificultades has enfrentado en el desarrollo de tu carrera?
La primera parte de mi carrera profesional fue difícil. Me encontré con aspectos culturales y de género. Yo venía de un colegio católico y entré a un ambiente dominado por el género masculino. A una adolescente de 17 años le sorprende que la vida sea diferente a lo que había sido en casa. En mi casa, mis hermanos y mi papá eran el ejemplo de un verdadero hombre en mi vida. Pero la realidad era diferente. La mayor dificultad que enfrenté es que yo era la única niña volando y, de ahí, todos los demás eran hombres. Había mucha incredulidad en mí, pensaban que era difícil para una niña mantenerse en ese camino.
Tuve altas y bajas, pero el apoyo de mi familia fue fundamental. Tenía la convicción de volar y aprender. Al final, logré superar esos retos y, por eso, me gusta compartir mi historia, no solo la parte bonita, sino el lado de la realidad, que existe ese bullying y esas dificultades que muchas personas enfrentan. No se puede permitir que alguien, en un ambiente familiar o laboral, pase por situaciones de desigualdad o de menosprecio.
Al final he logrado salir adelante. Soy piloto comercial e ingeniera aeroespacial. Soy instructora de vuelo. Tengo todas mis licencias. He sobrevivido a accidentes aéreos…
¿Cómo fue eso del accidente aéreo?
Un día que venía de Costa Rica, de un show aéreo. Nunca imaginamos que el viento y la turbulencia nos jugaría una mala pasada. Tuvimos un encuentro con una descendente muy fuerte que hizo que nos estrelláramos en un bosque. Literalmente caímos del cielo sabiendo que no podíamos hacer algo. No pensé que ese fuera mi último día. Más bien, pensaba en las personas que estaban abajo, porque era un área poblada, en el aeropuerto de San José. Apenas tenía 19 o 20 años, pero de milagro Dios quiso que ese fuera un nuevo capítulo en mi vida.

En tu experiencia trabajando en otros países, ¿cómo es la situación de las mujeres en otras latitudes en carreras como la tuya?
En general, pienso que la vida profesional, en cualquier país, depende mucho de la persona, sea hombre y mujer. He ayudado mucho a empoderar a las mujeres. No es que haya falta de oportunidades. En el primer mundo hay oportunidades, pero depende mucho de la persona. Cuando alguien quiere progresar en una carrera, uno debe hacerse notar. No solo basta con serlo, hay que parecer serlo, como decía mi papá.
En mi experiencia, es grato ver que hay muchas oportunidades. Es verdad que me he dado cuenta que, por lo general, soy la única mujer en las reuniones o en las conferencias. Pero creo que falta más valor en las mujeres para creer en sí mismas y de que pueden brillar en cualquier ámbito y, también, que haya disposición de los empleadores de dar más oportunidad a las mujeres.
En muchos países en los que he estado se sorprenden de que, generalmente, soy la más joven y la única mujer. Me preguntan que de qué país soy y les digo que de El Salvador. Me preguntan si todos son así y les digo que no, que son más inteligentes que yo.
¿Con qué instituciones has trabajado en todo el mundo?
He trabajado con la Policía Aérea de Alemania, con la Fuerza Aérea de Japón, con la Fuerza Aérea Royal de Suecia, con la Fuerza Aérea y la Seguridad de Holanda. Sé que sistemas hay en estos países, que tipos de aeronaves tienen, que tipo de historial tienen sus aeronaves y sus sistemas.
He pensado en escribir un segundo libro y contar más detalles sobre cómo he interactuado con astronautas, con jefes de fuerzas aéreas y todas estas experiencias que he podido vivir. Hay una gran cantidad de oportunidades para gente que quiere aprovecharlas. En todo el mundo hay oportunidades. Creo que el salvadoreño no debe cerrarse a que solo en El Salvador puede desarrollarse. Somos ciudadanos del mundo y se nos debe de enseñar como un potencial que está esperando ser desarrollado.
Todas estas experiencias son las que contás en tu libro «Sin Límites». Pero, ¿qué mensaje querés dejar con tu libro?
Es para dejar esperanza, un mensaje desde una familia tradicional, pero llena de valores. En mi familia éramos un grupo tradicional, pero con una visión atípica. Aunque nosotros sabíamos que teníamos la bolsa vacía, mis papás nos enseñaron que teníamos el corazón y la cabeza para cumplir nuestros sueños. El mensaje es ese: que las personas que tiene sueños extraordinarios se animen a creer que, si yo pude, yo como salvadoreña tradicional, pues ellos pueden hacerlo, que el éxito se debe al empuje de la niñez y al apoyo de la familia.
El mensaje es animar a las personas que sienten que están desventaja, pero, en realidad no es así, la vida y Dios hacen el resto cuando nosotros ponemos el esfuerzo. Nuestra niñez y nuestra juventud necesitan no solo leer más, sino leer historias de personas contemporáneas a ellos, de salvadoreños que han logrado sus sueños.
¿Crees que hace falta mayor motivación en la juventud para desarrollar todo su potencial?
Afortunadamente creo que vamos progresando. Pero creo que aún hay muchas cosas por cambiar. Por ejemplo, en el sistema educativo tenemos profesores del siglo XX enseñándoles a estudiantes del siglo XXI. Tiene que haber una consciencia específica de saber cuál es la necesidad humana de desarrollo desde pequeño. Los niños tienen gran potencial. En otros países, los niños aprenden desde su primera clase, ya no solo como aprendizaje histórico, sino algo que les enseñe a manejarse en su presente. Enseñar la historia es importante porque debemos saber de dónde venimos, pero también debemos hablar más de nuestra cultura. Cuando entiendes de dónde vienes y tus orígenes, puedes pensar en tu progreso y futuro.
En El Salvador hay una capacidad monumental. En cada esquina te encontrás un genio y esas personas están esperando florecer para brillar. Yo invitaría al sistema educativo a revisar toda la currícula desde la niñez. Primeramente, que se lea y que se lea más. Hay que revisar todo esto, porque se viene un sistema digital y ya no podemos enfocarnos solo en aprender lo básico. Debe haber una reforma y debemos ver a otros países para ver qué acciones toman para enseñar a sus jóvenes y niños.

Escuché que se hará una nueva biblioteca y, para mí, esa es una de las mejores noticias que he podido escuchar, porque se les enseñará a los niños a usar su tiempo libre en educarse. Si vamos por ese camino en El Salvador, vamos a avanzar muy bien.
En mi corazón sé que hay una estrella brillando sobre El Salvador. En El Salvador hay muchas personas geniales esperando una oportunidad para brillar. Sé que hay mujeres que pueden liderar en el país y que necesitan creer más en ellas mismas y que se crea más en ellas. Estoy muy feliz por saber que hay talento en El Salvador y tengo la intención de regresar al país en diciembre para impulsar proyectos que animen a la juventud y la niñez. Es uno de los proyectos que tengo a futuro. Trabajar junto a los salvadoreños a impulsar a nuestra juventud y que El Salvador se convierta en un referente para toda Latinoamérica.
Has ido evolucionando en tu vida. Pero, en la actualidad, ¿hay más sueños por cumplir para ti?
He logrado mis sueños, he trabajado con la NASA, he hechos muchas cosas. Pero te das cuenta que la vida sigue. Jamás pensé que iba a escribir. Pero, me he dado cuenta que me gusta mucho comunicarme con las personas a través de la escritura. Soy ingeniera, pero también soy mentora de profesionales en Europa, Asia y Estados Unidos.
Quiero seguir contribuyendo en formar a la juventud y a la niñez y seguir con este mensaje de los valores de familia. Tengo todavía muchos sueños. Este año empecé a aprender náhuatl, que sería mi cuarto idioma, estoy interesada en aprender mandarín. En el futuro profesional, yo no dudaría en que estaré cerca del momento en que la tecnología nos permita volar con propulsores.








