Ernesto, cuando por primera vez me presentaste el guion de «Luciérnagas en El Mozote» jamás imaginé que su capítulo final incluiría tu partida de este planeta. Porque tu vuelo, irónicamente, forma ahora parte de ese guion de la película que fue tu sueño y que no tuviste la satisfacción de ver en la pantalla grande. Una de tus ilusiones era que se estrenara en El Mozote, como una manera de rendir tributo a los que ahí murieron y de darle gracias con respeto a sus sobrevivientes.
Lo que esta obra cinematográfica intenta es relatar desde una perspectiva humana, a través de la mirada de un niño, una de las masacres más atroces cometidas en Latinoamérica al final de la Guerra Fría. Tu intención nunca fue revictimizar a sus pobladores ni tener una agenda política, sino simplemente describir lo que, según testimonios y reportajes, ocurrió ahí a principios de los años ochenta.
Pero no quiero hacer «spoiler» de la película; prefiero hablar de vos, de cómo te conocí y de cómo, desde ese primer encuentro, forjamos una amistad que, aunque breve, fue suficiente para descubrir a un ser humano lleno de buenas intenciones y con el deseo de devolverle a tu país todo lo que habías aprendido en el extranjero.
Llegaste a California en los sesenta y decidiste estudiar cine; tu pasión fue la dirección de fotografía. Trabajaste en publicidad por muchos años hasta tu retiro, pero el gusanito de hacer algo en nuestro país te hizo regresar con la idea de realizar una película. Ya con guion en mano de «Luciérnagas en El Mozote» se lo presentaste a Elías Axume y Bob Yari, productores y distribuidores de películas, y cuyas productoras invirtieron la cantidad más alta hasta el momento en el país en hacer una película. A este proyecto se unieron actrices como Paz Vega, de España; Mena Suvari y Jeff Fahey, de Estados Unidos; Juan Pablo Shuk, de Colombia; y un elenco salvadoreño de primer nivel.
Ernesto, llegaste para quedarte. Desde que se terminó el rodaje tuvimos comunicación permanente, no solo por la película, sino por tu interés en hacer y dar más. Insistías en la necesidad de formación en todas las áreas de la producción, impresionado por el nivel técnico de las personas que trabajaron en el rodaje, pero consciente de que aún había mucho por hacer. Realmente eras lo que yo considero un caballero. No hay persona que trabajó contigo en «Luciérnagas» que no mencione tus cualidades como ser humano.
Como muchos de nosotros, eras partidario de crear una comisión de cine y de establecer una ley de cine que motive a otras productoras extranjeras a venir a producir aquí. Una ley que también incluya incentivos para productores extranjeros y locales, y que influya al sector público y privado a ver el cine como una forma de invertir en el país, ya que haciendo cine también se generan empleos y se promueve el país para atraer turismo.
Todos los que te conocimos por este proyecto quedamos impactados al recibir la noticia. Héctor Moreno, de Panavisión, no pudo hablar en toda la mañana porque estaba literalmente en shock. Lo mismo le ocurrió a Arturo, Marvin, Kathya, Ricky, de Los Ángeles; Diego, Frank, la ministra Morena, Eny, Alejandra y Boris.
María Teresa, tu esposa y compañera inseparable desde niños, vendrá al país con tu luz para que se quede entre nosotros, para que vuelvas a la tierra que te vio nacer. Te prometemos que tus «luciérnagas» irán a Morazán y bajo la ceiba del parque frente a la iglesia proyectaremos la película para cumplir uno de tus deseos. Así, estaremos rindiéndote tributo.
Mi querido Ernesto, aún tengo en la retina nuestro último viaje al norte de Morazán para recorrer El Mozote, el río Sapo, Arambala, Jocoaitique y Perquín. Querías despedirte de la zona que dio origen a tu película; ¿quién iba a pensar que con ese viaje estabas diciendo adiós y que tu regreso ahora sería espiritual?
Te vamos a extrañar, pero ten la seguridad de que con «Luciérnagas en El Mozote» pondrás el nombre de nuestro país en alto y, paradójicamente, cerrarás tu círculo cuando saliste con tu esposa siendo apenas un par de jóvenes soñadores queriendo conquistar el mundo.
Nos vemos pronto, querido amigo.





