La educación inclusiva tiene la función de transformar las instituciones educativas, es decir, cambiar el enfoque tradicional e invertir en los procesos de enseñanza-aprendizaje y centrarse en el estudiante holísticamente.
Los estudiantes son la naturaleza y la vida de la Escuela Cristiana Maranatha; enseña valores cristianos y brinda una educación de alto nivel de competitividad bilingüe, y ejecuta un modelo pedagógico inclusivo, atiende a estudiantes con síndrome de Down, autismo, entre otros, dando como resultado fundamental involucrarse socioafectivamente en el proceso educativo de cada estudiante, comprometida con evitar etiquetas a estudiantes y promover la igualdad entre ellos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) decretó en 2011 que el 21 de marzo de cada año se celebre el Día Mundial del Síndrome de Down, con el objetivo de hacer conciencia en la palestra pública para recordar la valiosa contribución que realizan las personas con discapacidad intelectual. Además, es esencial resaltar la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad en la toma de sus propias decisiones, reafirmar que no es una enfermedad, es el resultado de una alteración genética que dura toda la vida; por ello debemos creer emocionalmente, física y cognitivamente, es decir, darles la oportunidad y garantizar un pleno desarrollo integral.
Las adecuaciones educativas de Maranatha son cruciales, por ello trabaja de la mano con la Fundación Paraíso Down, para lograr este proceso de educación inclusiva con las personas SD, ya que abrió sus puertas hace 10 años y su primer estudiante está cursando su noveno grado. Todo esto es posible gracias al apoyo de las autoridades, maestros, y por supuesto a los padres de familia. Me siento muy satisfecho de estar aportado en este proceso de enseñanza-aprendizaje inclusivo.
¿Cómo tratar a una persona con SD? Es importante tratarla acorde con su edad, no hacer bromas de doble sentido, dar una o dos indicaciones claras y cortas, con un tono de voz adecuado, esperando a que conteste, sin prisa. Para que las personas con síndrome de Down logren autonomía es imprescindible que desde el principio se tenga en cuenta que cada objetivo planteado sea enfocado en sus habilidades, no en sus limitantes. No mirar al síndrome, sino al estudiante y creer en él; es importante crear un vínculo afectivo entre maestro y estudiante. Además de trabajar en conjunto con la familia, escuela y fundación, es clave adecuar el espacio para su desenvolvimiento y proporcionar las mismas oportunidades entre los estudiantes.
Lo esencial es utilizar las estrategias didácticas individualizadas, con tiempo de escolarización, pues su aprendizaje es más lento, que se les enseñen cosas que otros aprenden de manera espontánea, y enseñarles lo que sea práctico y útil para su vida.
Las actividades deben cambiar cada 15 a 20 minutos para que la atención se mantenga activada entre la novedad, e ir aumentando el tiempo esto, despierta su capacidad de asombro; además, es clave felicitar cada logro no solo para motivar a los estudiantes, sino también para que tome conciencia de que lo ha conseguido gracias a su propio esfuerzo y dedicación. Además, dar al padre de familia la lista de contenidos a trabajar y solicitar el apoyo con imágenes, material lúdico, material manipulativo, colores para registrar información, aplicación de las nuevas herramientas tecnológicas, cambio de tipo y tamaño de letra, esto facilita en el estudiante su aprendizaje significativo con la vida.
Lo esencial es no discriminar a las personas con discapacidad y ser sujetos de apoyo incondicional para su vida.






