Las imágenes de Guillermo Morán enfundado en la casaca blanca del Alianza son raras y contadas, pero sí las hay. En el ocaso de su carrera, el creativo zurdo defendió y vistió los colores del elefante, pero la primera estampa que llega a la mente, toda vez que suena su nombre es con la elástica 24 de Firpo.
El corral de los toros fue su casa durante siete años. Fue capitán y figura de los usulutecos con los que saboreó las mieles del triunfo y también el amargo de la derrota en las cinco finales que disputó. Y hoy, luego de más de una década retirado, sigue profesando los colores taurinos.
«Tuve un paso, un campeonato en Alianza, pero ni ellos mismos me identificaron como una persona que pudiera ser referente. Había pasado mucho tiempo en Firpo y no me podían ver de otra manera», afirma Memo Morán, quien espera sacarse, hoy como hincha taurino, la frustración que vivió como jugador en 2001 cuando perdió la final ante los paquidermos.
De eso, este 23 de diciembre se cumplirán 24 años, pero Memo recuerda los pasajes más importantes que vivió en esa única final que disputó y que perdió por 2-1 ante la armada de los elefantes.
Para esa época, Morán estaba recién llegado a Firpo, procedía de las filas marcianas, donde lejos de pelear títulos, las batallas eran a mitad de tabla y en otras por mantener la categoría en primera división, por lo que su panorama e ilusiones habían cambiado de la noche a la mañana.
Ese cambio de aires no dejó de impresionarlo: pasó de un campeonato a otro a pelear finales con un equipo grande que llenaba estadios y todavía mantenía piezas que habían hecho de Firpo un equipo histórico.
«Esa, quizá, esa fue la mayor impresión en esa final y lo agradable que fue sentir el apoyo por primera vez de una afición tan cálida y poderosa como la de Firpo», dice Morán, quien para entonces ya se había hecho un hueco en el 11 del técnico Milos Miljanic.
AMARGO
El protagonismo de esa final, sin embargo, acabó en una hora para Memo Morán y aunque ahora lo cuenta como anécdota, en su momento, no dejó ser frustrante.
«Entré de titular, lastimosamente recibí dos faltas fuertes cercanas a la rodilla lo que hizo que tuviera que abandonar poquito después del inicio del segundo tiempo (60’) y me quedé con ese sabor amargo, porque no pude contribuir más con el equipo y por el resultado final», cuenta.

Los «regalitos» que lo hicieron abandonar el duelo fueron obra de Óscar Navarro y Juan Carlos Serranos, dos todo terreno, que dejaban los pulmones en el medio terreno elefante.
«Entre los dos (me sacaron). Creo que fueron jugadas con ambos porque ellos eran los volantes centrales y sus características más fuertes era la marca. No recuerdo que hayan sido jugadas intencionales, sino más a causa del partido, de lo que hay que poner en ese tipo de partidos», afirma Morán sin resentimientos.
Antes de encarar esa final, Morán había sido ungido por Santos Cabrera. Esa vez se le acercó, como en todos los partidos, lo abrazó y le dijo: «Morán, vos vas a ser el más importante de este partido, así que concéntrate, motívate». Lo que Memo nunca supo es si Cabrera solo lo hacía con él o con todos.
«Antes del partido, a ninguno de nosotros se nos pasaba por la cabeza que pudiéramos haberlo perdido. Creíamos que teníamos la posibilidad de ser campeones por el equipo que todavía había en ese momento. Pensábamos que teníamos una oportunidad real y dentro del partido nuestra mentalidad era que podríamos lograrlo. En realidad, fue bastante frustrante lo que sucedió» revela.

De hecho, Firpo empezó ganando. Abrió la cuenta Vladimir Elías Montes en el 20’ y empató Jorge Sandoval, y justo en el minuto 119’ del tiempo extra, Adonai Martínez hizo el 2-1 definitivo.
Hoy, 24 años más tarde, aunque no estará en la cancha, Morán espera cobrarse la revancha y firma que Firpo celebrará el título número 11, ya que los jugadores y la afición están motivados porque es lo mejor que les ha pasado en muchos años.







