En el competitivo universo de los certámenes de belleza, pocos nombres resuenan. Uno de ellos es Francisco Cortez, reconocido ampliamente como el fundador de importantes plataformas de belleza en El Salvador y en la región. Con una trayectoria marcada por la visión y dedicación, ha demostrado una pasión inquebrantable por realzar la belleza integral de la mujer salvadoreña.
Es decir, su compromiso va más allá de la estética, ya que busca proyectar jóvenes con talento, inteligencia y compromiso social.
¿Cuál ha sido el proceso hasta llegar a los 40 años que cumplirá Miss Teen El Salvador?
Yo era muy jovencito cuando estaba involucrado y tenía muchas amigas que participaban en los eventos de esa época. Me motivé porque ellas tenían muchas desilusiones, entonces, como niño soñador les dije: “No se preocupen, voy hacer un evento donde todos van a poder participar y va a ser un cuento de hadas”.
Antes de eso yo me había acercado con el organizador del evento nacional, que era el único que existía en el país. Me ofrecí ser un colaborador para evitar que mis amigas no pasaran malos momentos y me dijo que no, que yo no era una persona importante y que para ser un organizador, pues, tenía que ser importante.
Eso me cayó como un balde de agua con hielo y fue cuando me armé de coraje y dije: «Le voy a mostrar que soy bien importante». Después de eso, a los tres años, ya teníamos la Chica del Año.

¿Ese fue el primer certamen que hizo?
Sí, y costó mucho porque al principio no me dejaban. Se enviaban cartas notariales que no podía hacer eso, era prohibido que otra persona manejara concursos de belleza. Yo tenía como 17 años, no era ni mayor de edad, pero no me importó y lo organicé, me costó tres intentos.
Hay uno que más me marcó porque me pusieron una bomba. Era la época de guerra, en los ochenta, y pusieron una bomba en la torre eléctrica del Teatro del Colegio Santa Cecilia, en Santa Tecla, donde se iba a realizar el evento.
Ese fue el primer intento, ¿verdad?
No, fue el segundo. El primero me lo pararon, pero esa segunda vez estaba llorando, estaba toda la prensa internacional y vieron a ese niño llorando porque me cobraban los 20 colones que habíamos cobrado. Yo ya me había gastado el dinero en el escenario y todo el evento.
Entonces, el gerente del hotel Sheraton de esa época, Eberhardt Rues, se subió a la tarima y dijo que no me molestaran, que él iba a publicar donde iba a hacer el certamen. Y fue así como el 30 de enero de 1985 se realiza la primera edición de la Chica del año Miss Teen El Salvador. También tuve que irme, me exiliaron prácticamente, por un problema que tuve con un ex presidente de la república, pero no quiero hablar de política.





En ese primer certamen, ¿cuántas concursantes participaron y cómo fue que logró reunirlas?
Catorce, una representante por departamento. Hoy lo interpreto que fueron cosas de Dios, porque casualmente había colaborado con las hermanas del Instituto Betania, un colegio de muy buena reputación y abolengo en el país, había muchas niñas bellas de todo el país.
Pero, ¿cómo es que decide qué actividades se iban a desarrollar si no había estado en un certamen antes?
Bueno, la verdad es que tenía muy buenas amistades. En esa época había una diseñadora famosísima y una celebridad, Julia Martha Canessa, ella también me dio mucha orientación, lo apegado al glamur, la elegancia. Me enseñó cosas de etiqueta que era lo que tenía que transmitirles a las participantes.
En mi afán de innovar, metimos por primera vez los trajes de fantasía, que fue un escándalo en el país porque siempre tenían que ser el traje de volcaneña, bien tradicional. Fui el primero que apostó por los trajes de fantasía y la prensa me destruyó. Hoy, ya está bien apegado a la cultura.

Usted dice: «mis amigas querían participar», pero, ¿cómo nace el deseo de estar en certámenes?
Desde chiquito fui un líder. Yo organizaba los intramuros de mi colegio, yo conseguía la madrina de mi equipo de básquet, etcétera, como que ya traía eso. Y de ahí, el deseo de incursionar en un proyecto que nadie podía hacerlo, quizá como una especie de rebeldía de hacer algo innovador. Sí me la pasé mal muchos años, pero hoy, 40 años después, digo que valió la pena.
O sea que la franquicia Chica del año, que ahora es Miss Teen, ¿es una franquicia creada en El Salvador y que sale a nivel mundial?
Empezó en el 1992 en El Salvador, cuando una persona me sugirió, tras los Acuerdos de Paz, que hiciéramos proyectos como para atraer el turismo y que no se hablara de guerra, sino que se hablara de otros temas sociales. En una clase, estudiando la cultura maya, se me ocurrió hacer un Mesoamérica. Yo lo pensé en chiquito, con los siete países que conforman Mesoamérica, pero fue un éxito rotundo y hoy participan 80 concursantes de todo el mundo.
¿En 1992 es que se internacionaliza?
Empecé con Miss Mesoamérica, pero como el evento miss Teen era muy pegado en El Salvador quisimos internacionalizarlo. De hecho, fue de las primeras plataformas internacionales en existir en el mundo. También creé Miss Petit, que es una marca que nadie la usaba nunca y nació aquí en El Salvador, y hoy hay muchos concursos internacionales.

Ahora bien, hemos hablado de Miss Teen, pero usted ha creado otros certámenes. Hábleme de ellos.
Miss Teen Mundial busca una chica con valores, una relacionista pública, una líder. Nosotros le decimos a las chicas: «Queremos que en 5 años ustedes ya estén en algo, no esperar a tener 30, 40 años, para incursionar en un espacio de la vida social.
Miss Teen Américas es como promover la amistad, la tolerancia, la comprensión, porque normalmente los concursos promueven mucho la envidia o el “voy a sobresalir de otras maneras”
El Miss Petit es para que puedan participar jóvenes de talla pequeña. A ellas se les trata de inculcar que una medida no va decir si la mujer es bella o la calidad de mujer que es; una estatura, tampoco. Mesoamérica International promueve las culturas. Al principio eran precolombinas, ahora son todas las culturas. Y con Wonderful se buscan chicas de los ochenta y noventa, donde se promueve la integridad.







